mover

(redireccionado de muevo)
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  • verbo

Sinónimos para mover

Ejemplos ?
Y al mismo tiempo, estamos poniéndole presión donde realmente duele, y les pido seguirlo aquí hasta el final. Ahora déjenme decir mientras me muevo hacia mi conclusión que tenemos que entregarnos a esta lucha hasta el final.
Al otro día, a las cinco, muevo otra vez la misma palanca, las regaderas se detienen, y el silencio despierta a la señora; a los pocos minutos corro la palanca que agita el agua y la señora se levanta.
Y con todo, ya verás cómo ni te mueves ni me muevo.» Y la enferma del 32 oía en la tos del 36 algo muy semejante a lo que el 36 deseaba y pensaba: Sí, allá voy; a mí me toca; es natural.
Sinceramente le debemos alabanza, y aquí citaremos de muevo, como otras veces hemos hecho, a los que de maldicientes nos acusan; solo se presenta el autor de Los amantes de Teruel, sin pandilla literaria detrás de él, sin alta posición que le abone; no le conocemos; pero nosotros, «mordaces y satíricos», contamos a dicha hacer justicia al que se presenta reclamando nuestro fallo con memoriales en la mano como Los amantes de Teruel.
¡Canario! De aquí no me muevo y aquí me matan. Un grupo de sus soldados, de quienes era muy querido, lo tomó en peso y consiguió transportarlo algunas cuadras fuera del campo.
“Triunfe allá la ignorancia” Dijo el sabio sentado en su retiro, “Si olvidado me miro, Si falta vigilancia Sobre la ilustración, ¿por qué me muevo?, Así fue siempre; no es defecto nuevo”.
¡No puedo decir más!; me parece que los objetos más insignificantes son, por decirlo así, una parte de ella misma; los cojo, los muevo y los toco con la misma delicadeza que si fueran nuestra Emily; lo mismo me ocurre con sus sombreritos y con todas sus cosas.
Aquí, sentado apenas, sin más penas que esperar el momento de partir a loca rueda para explotar haciendas, tú te debates por un pago insufructuable, obrero amigo, enemigo de todos y de nadie, aunque siempre de ti mismo; aquí, contrasentido, vago sin moverme, angustiándome en tu fe desposeída, a pesar de la medalla agujerada, ya nunca virgen, que te cuelga en tu cristero pecho: aquí, al pensamiento que corre en grito sostenido, máquina muerta, desvielada, estoy tan de quietudes congelado y sin embargo siento largos siglos transcurrir en tu momento, hora y media, cinco horas, todo un día perdido y sin encuentro; aquí, te miro hastiado y me agito en remolinos, mas no me muevo, no puedo, como tú...
Un cultivo intelectual emprendido sin método y con locas pretensiones al universalismo, un cultivo intelectual que ha venido a parar en la falta de toda fe, en la burla de toda valla humana, en una ardiente curiosidad del mal, en el deseo de hacer todas las experiencias posibles de la vida, completó la obra de las otras influencias y vino a abrirme el oscuro camino que me ha traído a esta región oscura, donde hoy me muevo sin ver más en el horizonte que el abismo negro de la desesperación y en la altura, allá arriba, en la altura inaccesible, su imagen, de la cual, como de una estrella en noche de tempestad, cae un rayo, un solo rayo de luz.
Tenemos órdenes estrictas de no dejarlo libre. —¡No me muevo de aquí hasta que me digan el motivo de esta aprehensión. —Mejor obedezca, le conviene, no se meta en más líos...
Déjolo allá, y a Astolfo en Palestina y a su hermano Aguilante ahora me muevo; quienes, después que la ciudad divina dejó, buscaron mucho al buen mancebo, no sólo allí en los sitios más devotos, mas en otros lejanos y remotos.
Ahora obligado a arrastrar la pesada cadena del infortunio, me muevo lentamente; estoy atado a la argolla de los pesares, punzado a cada paso por el aguijón del dolor, devorado interiormente por una actividad que me consume; y sin poder desatarme de las prisiones que me abaten, siento un gran vacío en mi corazón que nada creo es capaz de llenar.