obeso


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  • adjetivo

Sinónimos para obeso

Ejemplos ?
Mi obeso vientre disminuye; el cuerno de los cascos se transforma en dedos; mis manos, que ya no son patas, se levantan para adecuarse a las funciones de un bípedo; se me acorta el cuello; la cara y la cabeza se redondean; las enormes orejas recobran su primitivo tamaño; los dientes, como adoquines, recobran forma humana, y esta cola que poco ha tan cruelmente me humillaba, desaparece sin dejar señal alguna.
en mi país hay todavía más corazón, -exclamó la Portuguesa. -Dejemos este asunto, -replicó su marido, el pato obeso-. Busquemos de qué cenar.
¡Yo soy un blanco doble mejor que vosotros para el enemigo!» La tropa siguió entusiasmada el ejemplo de su corpulento y obeso capitán, y se apoderó de la artillería de Almagro.
Un caballero, un prócer, un lord, aparece, sombrero en mano, suplicando que lo metan de una vez en la cazuela, sin olvidarse de advertir que aquélla ha de ser grande. Es talludo y obeso; viste impermeable blanco, y su rosada piel indica que tenemos en casa a un caballero inglés.
No es cosa difícil estar a gusto y a sus anchas entre los extraños, y no es otra mi historia, pues por mi porte y plumaje debéis haber colegido que soy, originaria de muy lejos de aquí. Mi marido, aquel pato obeso que allí veis durmiendo la siesta, no es de mi raza, es de este país.
Como era un hombre demasiado importante para que le molestase un tabernero, éste respetuosamente prefirió dejar que aquel importante personaje la produjera él mismo. El obeso corpachón de aquel notable burger mostraba ahora todos los síntomas de un volcán, a punto de iniciar una erupción.
H. es un rubio bajo y lampiño, tirando a obeso, pero singularmente distinguido. Viste un desgarbado traje negro y sus zapatos de charol chillan mucho.
Primero habían celebrado los familiares que velaran el cadáver de Monseñor Gaetani, después los capellanes de la casa, y luego algún obeso colegial mayor que llegaba apresurado yjadeante.
La algazara aumentaba y el obeso peletero del rey, sin decir palabra, procuraba sustraerse a las miradas que le clavaban de todos los lados, pero en vano sudaba y resoplaba pues, como una cuña que se clava en la madera, todos sus esfuerzos no servían sino para encajar su oronda cara roja de ira y de despecho en los hombros de quienes le rodeaban.
Aguirre Ochoa Samuel, a favor; Batalla Herver Blanca Armida, a favor; Beltrami Mantecón Claudia, a favor; Calleja y Arrollo Ricardo, a favor; Callejas Arrollo Juan Nicolás, a favor; Cambranis Torres Enrique, a favor; Chao y Fernández Germán Antonio, a favor; Chedrahui Obeso Irma...
Si urbano fueras, o sabino, o tiburtino, o un gordo umbro o un obeso etrusco o un lanuvino moreno y dentado o un transpadano –para los míos también tocar–, o quienquiera que puramente se lavase los dientes, aun así, que los hicieras brillar tú todo el tiempo, por doquier, yo no querría: pues, que una risa inepta, cosa más inepta ninguna hay.
Allí pensé que había llegado para mí el fin del mundo y permanecí medio muerto dentro de una bañera de mármol mientras mi tío se tendía en el suelo; pero no simplemente tendido, ni en una postura normal, sino más bien apocalíptica. Toda la mole de su obeso corpachón sólo tocaba el suelo con las yemas de los dedos de sus pies y sus manos.