ojo


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Sinónimos para ojo

a ojo de buen cubero

Sinónimos

a ojos cerrados

Sinónimos

a ojos vistas

Sinónimos

abrir los ojos

Sinónimos

comer con los ojos

costar un ojo de la cara

Sinónimos

  • costar un riñón
  • costar un huevo
  • ser caro

en un abrir y cerrar de ojos

Sinónimos

  • en un instante
  • en un santiamén
  • en un decir un credo
  • en un dos por tres
  • en menos que canta un gallo
  • en un periquete
  • en un soplo
  • en un vuelo
  • en una avemaría

irse los ojos

llorar con un ojo

Sinónimos

mirar con buenos ojos

Sinónimos

mirar con malos ojos

Sinónimos

Antónimos

ojo de agua

Sinónimos

ojo de buey

ojo de gallo

Sinónimos

poner los ojos tiernos

Sinónimos

tener entre ojos

Sinónimos

tener los ojos abiertos

Sinónimos

  • ser experto
  • tener experiencia
  • ser avisado

traer entre ojos

Sinónimos

Sinónimos para ojo

Ejemplos ?
En cambio, el duendecillo ya no podía estarse quieto como antes, escuchando toda aquella erudición y sabihondura de la planta baja, sino que en cuanto veía brillar la luz en la buhardilla, era como si sus rayos fuesen unos potentes cables que lo remontaban a las alturas; tenía que subir a mirar por el ojo de la cerradura, y siempre se sentía rodeado de una grandiosidad como la que experimentamos en el mar tempestuoso, cuando Dios levanta sus olas; y rompía a llorar, sin saber él mismo por qué, pero las lágrimas le hacían un gran bien.
¿Qué va a decir el jefe cuando lo informe de su colección de ratas? Dirá: ojo a la trocha mm...—millón! ¿Y quién la pasa a 113 kilómetros?
El maquinista yo sonríe negando suavemente, guiña un ojo al jefe de estación y levanta los dedos movedizos hacia las partes más altas de la atmósfera.
Sobre el ojo izquierdo le colgaba un gran mechón que le salía de un lunar; no puede decirse que lo embelleciera, pero al menos servía para identificarlo fácilmente.
Aquél, según reglas de buena policía debió arrojarse a los perros; pero había tanta escasez de carne y tantos hambrientos en la población, que el señor Juez tuvo a bien hacer ojo lerdo.
Al alcance de mi mano, como irónica tentación, estaban las riquezas abandonadas, las maravillas de arte que acaso codicié: ningún ojo sino el mío para contemplar los cuadros de Velásquez, las estatuas de Fidias, las cinceladuras de Cellini; y allá en las secretas cajas de los abandonados bancos, ninguna mano sino la mía para hundirse en los montones de billetes y centenes de oro...
No era verdad; el vecindario de aquel pobre barrio extramuros sabía que la bruja de la voz carrascuda, aun cuando tuviese el cuerpo muy lastrado de líquido, no se metía en realidad con nadie; pero andaba siempre alabándose de abofetear al uno y de destripar al otro. Y la tuerta, con expresión de malicia, guiñó su ojo viudo, sonriendo al escuchimizado rapaz.
Acudieron al párroco y la bruja; la ayudaron; se le vio sacar primero la rodilla, después una pierna, al fin el tronco, y la faz lívida, con la respiración cortada; el único ojo, loco de espanto.
Y, sigún me contó a mí mi pairino, el señor Toño el Clavija, al que ustés conocerán porque es más conocío que la ruá y tiée un puesto de berza pela por medio con el de Antoñico el Cerrojazo, que tamién se las trae, poique ese Cerrojazo fue el que mató a Toñico el Cardenales en la calle de la Armona, que ustés oirían contar la faena poique la cosa dio mucho ruío y con razón, poique el Cardenales la pintaba de retaco sin seguro y además le había dao mucho cartel el haberle quitao como le quitó a un tal don Curro la jembra que tenía, que, según cuentan, era un monumento de bonita, con ca ojo como un tazón y con una mata de pelo más larga que una maroma...
Soltó la indecencia gorda, provocando en el compadrío una explosión de risotadas, y chuscando un ojo añadió socarronamente: -¡A largas tierras, largos engaños!
Cuando al ofertorio estábamos, ninguna blanca en la concha caía que no era dél registrada: el un ojo tenía en la gente y el otro en mis manos.
Y la señora Rosario miró a hurtadillas el animado corro de mozas, todas las cuales, sin duda, hubieran dado un ojo de la cara por enterarse de lo que hablaban la señora Rosario la Lechuguina y Dolores la Jarampera.