Ejemplos ?
«Hermoso día», murmuró Genaro, y al avanzar su cuerpo en la ventana, codo en su mente despertóse claro el nocturno pavor, la bella historia de la visión aérea y soberana que abrió en su corazón y en su memoria un santuario al amor, y otro a la gloria.
Es mas valiente que centenas reunidas..., como el fuego en el momento que se consume..., un millón de hombres son incapaces de permanecer de pié delante de él..., ignorando el pavor..., como un león salvaje en el valle de los animales del desierto; no habla como un jactancioso..., salvando su ejército el día del combate..., devolviendo al hogar a sus seguidores y salvando a su infantería.
Debo aclarar que en el Estado totalitario socialista, al que tanto pavor invocan, aluden con miedo; efectivamente declaro que no existe la libertad de morirse de hambre.
Me inspiraba auténtico pavor, y no llegaba a imaginarme, debido al estado de exaltación en que se encontraba, lo que sería de mí cuando nos quedásemos cara a cara los dos solos.
La operación se llevó a término, aunque no sin que nuevos y aterradores prodigios llenasen de pavor al ánimo de los consternados habitantes de Bellver.
Se cuenta que un joven que había querido averiguar la verdad de todo aquello reconoció su propia imagen en uno de aquellos hombres, y que se desmayó de pavor.
Por eso en la torrecilla Del gótico alcazar luce La lámpara misteriosa Que pena y desvelo arguye En quien la habita, y por eso El reposo se interrumpe De la noche con los ayes Que necio pavor infunden En los guardias de la torre, Y cuyo son les aturde Mientras en el aire vaga Y en el aire se consume.
Y confundiendo en su mente sus amagos y alabanzas, ya en risueñas esperanzas, ya en inocente pavor, contemplándose al espejo con la luz de la bujía, así pensaba y decía Margarita en su interior: «¿Conque hay fiestas y banquetes, y nocturnos galanteos, y deliciosos paseos, de esta pared más allá?
Los ojos con pavor clavó en la puerta Trémulo el corazon, roto el aliento En la boca entreabierta, Sin fé esperando su postrer momento.
Algunas de ellas se miraban tan pálidas, como si fueran momias. Sus facciones me llenaron de pavor. Vislumbré que envueltas en vendas manchadas de lodo avanzaban lentamente con los brazos extendidos hacia mí.
Aun se dijo públicamente en el pueblo que ciertos soldados se determinaron ir fuera de él, hacia la parte donde venía aquella tempestad, para certificarse de qué procedía, y llegando al matadero, que está a las últimas, vieron unos bultos negros y horribles que les causaron tanto pavor y espanto que, al momento, sin poder pasar más adelante se volvieron.
Al corazón se le agolpan mil vagos remordimientos, mil vagos presentimientos de incomprensible pavor, y en su creencia sencilla, del Dios mismo a quien ofende tal vez recibir pretende perseverancia y valor.