penetrar

(redireccionado de penetró)
También se encuentra en: Diccionario.
  • verbo

Sinónimos para penetrar

introducirse

Sinónimos

comprender

Sinónimos

Ejemplos ?
Yo era pobre…, mas mi acento que melódico y canoro encerraba en sí un tesoro de armonía y de pasión, una noche fió al viento esta amante serenata, que al oído de mi ingrata penetró por un balcón.
Todo esto, que torpemente y en pasada confusión con tan profanos períodos pobremente he dicho yo, claro, luminoso, armónico, sabroso y consolador, sin pasar por los sentidos penetró en su corazón.
Sin embargo, como no quería dar muestras de debilidad ni de temor que acobarda, continuó con las acciones y penetró entre los árboles de aquel territorio casi inexplorable.
El rey penetró entre los árboles sin prestar atención a que sus acompañantes se habían enredado por extrañas lianas que les impedían continuar por aquel espacio.
Casi dos años después, el es- pañol Renovales penetró á media noche en el campamento pa- triota, se introdujo en la tienda de campaña, en la que había dos hamacas, y mató al coronel Garrido, que ocupaba una de éstas.
El señor Antonio el Toneles comprendió que el nuevo cimbel de la de los Chícharos iba a ser la muerte de su establecimiento; que aquella pícara de ojos como brasas y de piel casi de luto íbale a dar a la de los Chícharos el triunfo en el torneo mantenido por ambos hondilones desde su fundación, y viendo el Toneles la muerte al ojo, como vivo y experimentado que era, apercibióse a la defensa, para lo cual en el día en que lo sacamos a relucir, al ver penetrar en su taberna al Matita de Poleo, que penetró en ella contoneándose gallardamente y como diciéndole a todos los que allí estaban congregados: «Mírenme y pásmense, caballeros».
Cuando penetró Joseíto en la habitación y vio a Rosario sentada en la mecedora, luciendo parte del brazo de intensa blancura y ceñido en la muñeca por anchas pulseras doradas; cruzadas las piernas de modo que dejaba ver el nacimiento de la pantorrilla que amenazaba hacer estallar la finísima media, y que ponía de relieve la magnífica redondez del muslo; libre la redonda garganta que ceñía un collar dorado, cuyos dijes reposábanle sobre la retadora curva del arrogante seno; cuando vio de aquel modo Joseíto a la Carabina, sintió algo que se le ponía sobre el corazón, y, tras algunos instantes de silencio y de mirar a Rosario como un náufrago la playa, exclamó trémulo y emocionado: -¡Ay, comadre de mi vía!
Y no fue preciso que contestara Currita al Pantalones, pues en aquel momento penetró en el hondilón la de los Chícharos, congestionada por el sol y por la carrera en pelo que sin duda acababa de darse, y llegada que hubo y respirando fatigosamente exclamó soltando sobre el mostrador una caja y dirigiéndose a la Mayorala.
Cuando el tío Cáncamo penetró en las habitaciones que ocupaban en uno de los corralones del Perchel Lola y su madre, ocupábase ésta en atarse al cuello el pañuelo de la cabeza, en tanto aquélla, fresca, limpia y riente, iba de acá para allá, dedicada a sus domésticas faenas.
La señora Pepa penetró en la habitación, sobre el encallecido pelo amplio pañuelo de hierbas anudado en la frente, en la mano la escobilla de blanqueo y algunos manchones de cal en el rostro y en los renegridos brazos, que dejaban ver las arrolladas mangas de la chaquetilla.
Joseíto se incorporó bruscamente, y cuando aquél penetró en la habitación: -No puées tú figurarte lo que me alegro de verte -le dijo-, poique es que yo ya no pueo seguir asina ni una horita más; yo necesito ver a mi Rosalía o que mi Rosalía se venga, y, sobre to, que con eso de mi Rosalía to lo veo yo una miajita turbio, y sa menester que tú me platiques la verdá y que me digas si es que mi jembra está más peor, poique pa mí que tiée que estarlo, cuando ella no se ha arrancao ya por carceleras y se ha vinío a mi querencia.
El señor Paco, sintiendo que su voluntad iba siendo insuficiente para poner vendales a una lágrima rebelde que pugnaba por abrirse paso por entre sus párpados, se levantó de nuevo bruscamente, y saliendo de la habitación, penetró en aquella en que la muerta yacía.