pensar

(redireccionado de pensábamos)
También se encuentra en: Diccionario.
  • all
  • verbo
  • locución

Sinónimos para pensar

razonar

Sinónimos

imaginar

Sinónimos

intentar

Sinónimos

ni pensar

Sinónimos

  • ni hablar

Sinónimos para pensar

decidir

Ejemplos ?
Éramos y aún somos jóvenes para pervertirnos. Pero en lo que menos pensábamos era en constituir un hogar. Éramos dos mozuelos que vivían juntos haciendo eso que se llama vida marital.
Entonces venía y decía: “Bueno, vamos, que nos vamos”, es decir, que no fuéramos adentro, que él se tenía que ir. Y nosotros pensábamos que cuando llegara el momento nosotros íbamos a decir: “Vamos, que nos vamos”.
Ahí ya estábamos felices, porque esa era realmente la palabra. Pensábamos que con eso el objetivo de la operación estaba ya cumplido: por lo menos algunos compañeros habían logrado irse.
Estaba diciendo que pensábamos que todo el que vota debería ser propietario de una participación en el país, y usted hizo la observación de que alguna gente tenía la misma idea en su época, pero conforme a nuestro punto de vista sobre lo que es una participación en el país, nadie la tenía o podía tenerla bajo su sistema económico." "¿Por qué no?
Bebo hacer constar, en honor a la verdad histórica, que muchos pensábamos en el buen éxito de la gestión de los Mediadores y que los ataques cesarían y que podríamos regresar a nuestros hogares, pero la verdad fué distinta.
Al leer esta admirable muestra de cariño y de fidelidad se nos cayeron las lágrimas, y recordando los muchos perros abandonados que de precisión ha de haber desde que hay caminos de hierro en un país donde, sin amarlos mucho, son infinitos los pobres que crían perros y muchos los que no tendrán dinero de sobra cuando viajan para pagar el pasaje de estos pobres animales, pensábamos que sería en toda la extensión dé la palabra una obra de caridad, de compasión, de orden público (sea policía), que a los pobres, y sobre todo a los ganaderos, les llevasen en los ferrocarriles sus perros de balde.
Tampoco pensábamos en la caja cuando por primera vez y para no quedar sujetos ya a la mano del presidente o presidenta de turno, consagramos legislativamente la movilidad jubilatoria a través del Parlamento argentino.
Entre mi tía y yo este asunto parecía haber sido desechado de las conversaciones, no porque nos hubiéramos propuesto evitarlo, sino porque, por una especie de compromiso tácito, pensábamos cada uno por su lado, pero sin decir en alto nuestro pensamiento.
Y es que el camino lo merecía: a la izquierda, la ría, azul y brillante, como polvareda de cristal, con sus playales de arena blanca, que orlan pinos y alisos, mimbraleras y álamos argentados; a la derecha, una sarta caprichosa de casas de recreo, de cuyas tapias se desbordaba el ramaje de las coníferas y los ramilletes coralinos del geranio enredadera y la rosa de pitiminí. Pensábamos Valentín y yo exactamente lo mismo: que si la inglesa se contentase con este paseo delicioso, se lo agradeceríamos de todas veras.
La primera idea había sido levantarlo por la calle cuando salía a caminar. Pensábamos llevar uno de esos autos con cortina en la luneta y tapar las ventanillas con un traje a cada lado.
–Bueno, y cuando nos separábamos teníamos esta idea semejante: ¿y el placer de la vida y del amor consiste en esto?... Y sin decir nada comprendíamos que pensábamos en lo mismo...
Próximamente a las doce de la noche me reuní en un café con Enrique y Lucio a ultimar los detalles de un robo que pensábamos efectuar.