pensar

(redireccionado de pensabas)
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  • all
  • verbo
  • locución

Sinónimos para pensar

razonar

Sinónimos

imaginar

Sinónimos

intentar

Sinónimos

ni pensar

Sinónimos

  • ni hablar

Sinónimos para pensar

decidir

Ejemplos ?
Alcánzale Camila fácilmente, pues ya estaba desbandada su hueste, le atraviesa de parte a parte, y así le dice con saña acerba: “¿Pensabas Tirreno, que esto era acosar a las alimañas en las selvas?
-También yo me doy pena. Y ahora todo corre de mi cuenta. ¿No pensabas sacrificarte por mí? -Pues bien, sí, me sacrificaré por ti.
Es cierto que hace mucho que no me has escrito pero creo, sin embargo, que me llevas en tu alma y en tus pensamientos; pues pensabas vivamente en mí cuando, queriendo enviar tu última carta a mi hermano Lotario la suscribiste a mi nombre.
Alcibíades: No, sin duda. Sócrates: Luego lo que tú sabes ahora, hubo un tiempo en que pensabas no saberlo. Alcibíades: Eso es muy cierto.
Te la hemos quitado. Solo ese movimiento de tu mano, me ha hecho entender lo que pensabas. Y esto lo decía Rumirat Genieft en perfecto castellano, con cierto dejo catalán, porque el ruso había permanecido varios años en Barcelona.
-Pero-exclamó Rosario, revolviéndose iracunda-¿por qué si pensabas hacer esto conmigo, no me lo dijiste antes de que nos dijera lo que nos dijo el cura de la parroquia?
Desde luego, es sumamente agradable para mi que estés tan libre, pero ¿cómo cuadra exactamente tanto tiempo de ocio con la obligación universal de servicio?" Edith se divertía de lo lindo. "¿Y entonces pensabas que estaba haciendo el vago?
Sea lo que fuere, te prometo que tienes asegurada la vida. ¿Qué pensabas hacer de tu segunda flecha?, TELL.––Pues bien, señor; puesto que me prometéis la vida, os diré la verdad.
Me contestó una de esas sonrisas que prometen mucho, una sonrisa que era necesario traducir así: «¿Pensabas que iba a enseñarte algo vulgar?» Al rayo oblicuo de un sol de otoño; al lado de un matorral de rosalillos mal cuidados, cuyos capullos parecían revejecidos también; sentada en una butaca carcomida, de resquebrajada gutapercha, vi a una mujer cuyo semblante encuadraba un tocado de esos inconfundibles, de cocas de cinta y tules negros, que sólo usan las ancianas de Francia.
Antes creo yo, que al encontrar tal monte del pie al cabello temblarás delante; y ya no querrás yelmo ni batalla, sino entregar de grado espada y malla.» El henchido español dijo: «Ya han sido tantas las veces que rendílo fiero que otras tantas quitarle habría podido no sólo el yelmo, sino arnés y acero; mas sucede a menudo haber venido luego intención que se ignoró primero: no lo ansié entonces, mas espero que esto de nuevo vuelva a sucederme presto.» No pudo sufrir más el cuento Orlando y gritó: «Oh falso y baladrón marrano, ¿en que país pasó tal cosa, y cuándo me pudo en armas superar tu mano? Aquel por que te estás vanagloriando soy yo al que no pensabas tan cercano.
María soltó la risa, notándose así mucho más el cansancio de sus ojos. —¿Sí? ¿Pensabas eso, Antenor? —No, supondrás… era una broma—se rió él también.
¿Pero por qué, se me dirá, has elegido tan vasto asunto, cuando no pensabas escribir ese grueso volumen, sino un artículo de periódico?