Ejemplos ?
Resultó del percance la conversión del ex capitán general de Costa Rica y flamante marqués de Talamanca, quien sin pérdida de tiempo vistió el hábito de hospitalario, tomando el nombre de fray Rodrigo de la Cruz.
Con retardo llegaron a la quinta, donde el percance ocurrido en Quita Calzones fue el tema obligado de la conversación y de la broma, no faltando alguno que dijera: "Vaya, sin ese incidente, no habría conocido prácticamente el canónigo, las chanzas del Quita Calzones".
éndose a confesar cierta criada, muy joven, inocente y agraciada, con un fraile jerónimo extremeño, más bravío que toro navarreño, le sucedió un percance vergonzoso digno de ser sabido por chistoso.
FCE, México, 1965 Hernán Cortés nace en 1485 en Medellín, España, de familia humilde, trata de estudiar en Salamanca, “pero como desde temprana edad fue muy dado a las mujeres y a burlar maridos” sufre un percance que le impide embarcarse con Fray Nicolás de Ovando y a los 19 años (1504) llega a la isla Española con la esperanza de todo joven de su época, de hacerse rico en breve tiempo.
Si saliera uno a saltearlo a un camino a los pasajeros, vaya; pero cuando se trata de cogerlo en la misma oficina, con toda la comodidad del mundo y sin el menor percance...
Alberto se sintió redimido, esposo y padre. VI Once meses después del percance del ciclista -que ya no volaba en ruedas- nació bebé.
Y cuando cualquiera de los demás heridos lamentaba patéticamente el percance, el magullado anciano movía tristemente la cabeza y repetía con voz quejumbrosa: -¡Lo míu!
Terminada la prueba, lo llamó aparte fray Pablo y le dijo: -Mira, negro, cómo te manejas con el Relámpago y no comas confianza, que aunque es cierto que a los toros más que con el estoque se les mata con el corazón, bueno será que estés sobre aviso para que no te suceda un percance y vayas al infierno a contarle cuentos a la puerca de tu madre.
La Real Audiencia, al tener noticia del percance ocurrido a su respetable miembro el doctor Núñez, acudió en corporación al virrey, pidiendo la libertad del compañero y el castigo del alcalde; pero Manso de Velazco, que era un gobernante muy respetador de las leyes y de los fueros y privilegios de la ciudad de Lima, les contestó que lo único que podía hacer era interponer sus respetos para que amainase en su severidad el de Palomares, quien había estado en su derecho para encarcelar al que en su persona agraviara a la ciudad.
Pues era el predestinado para ocupar 20 años después la Silla de San Pedro en Roma, con el nombre de Pío Nono, viniendo a ser el primero y único de los Papas que antes de ascender al Pontificado, pisó este suelo, admiró su espléndida naturaleza, y aspiró las auras embalsamadas del Miguelete, recordando siempre el percance de Quita Calzones .
No le pasó, siquiera, por la mente, la idea de gritar o revolverse desesperada. La gravedad del percance imponíasele con una sorda evidencia que templaba su voluntad en una especie de repliegue supremo.
Después de inquirir el tiempo transcurrido desde el percance, levantó la cara de Kovaliov agarrándole por la barbilla y le pegó tal papirotazo en el lugar antes ocupado por la nariz que el mayor echó violentamente la cabeza hacia atrás hasta pegar con la nuca en la pared.