piar

(redireccionado de piaban)
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  • all
  • verbo

Sinónimos para piar

piular

Sinónimos

Sinónimos para piar

chiar

Sinónimos

  • chiar
Ejemplos ?
Si piaban, creíame que hablaban algo, y seguía con ellos una conversación muy tirada, diciéndoles cosas tiernas de su madre y de la mía, y rogándoles pidieran por ella al cielo todas las mañanas en sus primeros píos, pues a mi madre debían, a su caridad inagotable por los seres racionales e irracionales, por los seres animados e inanimados, el haber podido criarse entre la opulencia propia de un rosal amarillo y fuera del alcance de nuestras manos y del torbellino de nuestros juegos.
Aproximéme a caballo a uno de aquellos nidos y lo vi cubierto de polluelos de cuervo, que al mirarme piaban y saltaban como si creyesen que yo les traía algún alimento.
Venía hasta nosotros la cabra, refregando su cabeza en nuestras piernas; piaban los pollitos; tímidamente ese acercaban los conejos blancos, con sus largas orejas, sus redondos ojos brillantes y su boca de niña presumida; los patitos, recién sacados, amarillos como yema de huevo, trepaban en un panto de agua; cantaba desde su rincón, entrabado, el “Carmelo”, y el pavo, siempre orgulloso, alharaquero y antipático, hacía por desdeñarnos, mientras los patos, balanceándose como dueñas gordas, hacían, por lo bajo, comentarios, sobre la actitud poco gentil del petulante.
Entretanto, se encendieron las luces de la orquesta; la lárnpara bajó del techo derramando con la irradiación de sus luces una alegría repentina en la sala; después entraron los músicos unos detrás de otros, y hubo un prolongado guirigay de bajos que roncaban, violines que chirriaban, trompetas que sonaban, flautas y flautines que piaban.
Siete u ocho días transcurrieron antes de que Paco Cárdenas volviese a visitar a Clotilde, lo que hizo un domingo en que cielo y tierra lucían sus galas más espléndidas, en que el sol llenábalo todo de luz y calor, en que parecía de zafir el horizonte y de cristal purísimo el espacio; en que piaban alegremente las golondrinas y en que las gentes discurrían por las calles en sonoro y animado bulle bulle y llamaba a los fieles con sus melancólicos tañidos la campana de la iglesia.
Y esto lo dijo Lola señalando el ventanucho desde el cual divisábase el huerto, donde las higueras erguían su frondosísimo ramaje, donde ya amarilleaba el fruto y piaban los gorriones.
Dos veces saltó y se ocultó en la maleza: eran transeúntes, «gente de a caballo», un cura, una pareja a estilo de Portugal, hombre y mujer sobre una misma yegua, apretados y contentos. La tarde caía, el rocío enfriaba y escarchaba la hierba, enmudecían los pájaros o piaban débilmente.
Acudieron las gallinas, y tras ellas los polluelos, y cuando uno corría, corría también el otro, y todos cacareaban y piaban y miraban al gallo, orgullosos de pertenecer a su especie.
De cuando en cuando, fuegos fatuos se cruzaban en el camino, y las cornejas piaban lastimeras en la espesura del bosque, donde a lo lejos brillaban los ojos fosforescentes de algún gato salvaje.
Entre ellas, los nidos se distinguían como manchas y, de vez en cuando, piaban en ellos los pichíus débiles, o se aventuraban a volar cerca del nido.