proceloso

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  • adjetivo

Sinónimos para proceloso

tempestuoso

Sinónimos para proceloso

Ejemplos ?
Murió, murió, y sin calma, en tempestad violenta maldigo ya la vida sin mi perdido bien. Y en procelosa noche, la bárbara tormenta con honda furia estalla sobre mi hela sien.
Asi es que lejos de mirar con sorpresa al despotismo sentado sobre el trono de sus crimenes, admire más la duración procelosa de la libertad, porque en ella vea la imagen de la virtud triunfante, y en aquel encuentro el quadro natural de la degradación de los mortales.
Entretanto, ancioso el pueblo de mejorar su suerte, buscará en la novedad de las reformas el sello de su felicidad; y haciendo sistéma de la inconstancia ofrecerá el espectáculo de una incertidumbre procelosa que agite los espíritus, prepare la insurrección y desengañe al fin la esperanza de los hombres libres.
Y no te asombre Verme llegar, señora, a tus umbrales, Cual náufrago lanzado Por brava tempestad a nueva orilla, ¿Quién sabe si benigna o procelosa?
Entre su reparto destacan figuras como Terele Pávez, Sergio Caballero, Jack Taylor e Irene Ferrando. Una procelosa noche, Úrsula atraviesa un bosque frondoso.
Y del cielo en los ámbitos dorados, con buril de diamante y rayos vivos de los sabios los nombres vi gravados, que su vida es la fama de los vivos. Al impulso del aura procelosa se desprende la nuez del cocotero de su palma elevada y orgullosa...
«Vuestra Madre -dijo muriendo-; esa de mi bondad última prenda, si algún día vertéis sincero llanto, por vosotros pidiendo, para salvaros del azar tremendo, real protectora os tenderá su manto.» Y a Ti, Madre amorosa, los tristes ojos con afán volvemos en la airada tormenta procelosa, en Ti esperamos y en tu amor creemos, y a Ti tornados a tus pies caemos.
ti me acojo, soledad querida, en busca de la paz que mi alma anhela en su ya inquieta y procelosa vida; mi nave combatida por la borrasca de la mar del mundo, esquiva ya su viento furibundo, y en busca de otro viento sosegado dirige a ti su desgarrada vela, ¡oh!, puerto deseado en que la brisa de bonanza vuela.
Y si no, había que observar al asiático en su procelosa jornada creadora, cincel en mano, picando, rayando, partiendo, desmoronando, hurgando las condiciones de armonía y dentaje entre las innacidas proporciones del dado y las propias ignoradas potencias de su voluntad cambiante.