raudal


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Sinónimos para raudal

avalancha

a raudales

Sinónimos

Ejemplos ?
Como quiera, en esta selva inmensa hay, á pesar de su irregularidad, muchísimos trozos que presentan bellezas poéticas de primer órden, y se encuentra en todas partes un raudal tal de versificación y de estilo, y un manejo de lengua tan magistral y atrevido, que cada vez se hace mas lastimosa la obscuridad en que yace.
Las cataratas del Niágara, profanadas por los ferrocarriles y por la canallería humana que va a divertirse en los hoteles que las rodean, son un lugar grotesco cerca de la majestad de templo del agreste sitio, donde cae en sábana de espumas, atronando los ecos de las montañas seculares, el raudal poderoso.
No falta quien se regala con las copas del añejo Másico, y pasa gran parte del día, ora tendido a la fresca sombra de los árboles, ora cabe la fuente de cristalino raudal.
Naciste para gustar las dichas del bien querer; si amargo es aborrecer, ¡cuán dulce cosa es amar! MUJER Ángel, tu voz de alegrías llega a mi agitado seno como raudal puro y lleno de secretas armonías.
Mira cómo se pierde su sesgo curso entre la alfombra verde del fresco prado, y salta su caudal cristalino para vencer el alta presa de aquel molino, y luego ensancha el curso y se dilata brillando al sol como raudal de plata, hasta perderse al fin del horizonte doblando el pie del contrapuesto monte.
A su temblante rayo cristalino estremecido el viento se dilata; la húmeda sombra se recoge en pliegues al hondo valle, y su raudal de plata mueve bullendo el plácido arroyuelo; tiende la brisa de la noche el vuelo que en la hojarasca, en lánguido murmullo, largo susurra, y gime solitaria la tórtola doliente, que da de amor el postrimer arrullo.
¡viva el invicto antiguo general de nuestros padres! Salve Cabildo ilustre, salve eximio Congreso de patrióticos varones, ¡qué copioso raudal de beneficios, en vos hallamos!
Detrás del tronco del añoso sauce el soldado español puesto en acecho ve indiferente su sangrienta fauce cómo hunde el lobo en su raudal estrecho.
(47) Hendia el raudal rugiente La cierva con fuerza estraña, Y hendia el potro valiente La arrebatada corriente Trás la medrosa alimaña.
Por eso te buscó mi débil mente En la sublime soledad: ahora Entera se abre a ti; tu mano siente En esta inmensidad que me circunda, Y tu profunda voz hiere mi seno De este raudal en el eterno trueno.
Lo hace de maravillas, pues es toda una mujer; que tiene muchos atributos, que puede lucir también. Así vive ella una vigilia, de profunda intensidad; que todo este Puerto amigo, le ha brindado a raudal.
Así, por una calle y luego por otra, rodeaba las plazas y plazuelas, explayando el raudal de sus gemidos; y, al final, iba a rematar con el grito más doliente, más cargado de aflicción, en la plaza mayor, toda en quietud y en sombras.