Ejemplos ?
Se trata de un templo barroco, de un austero estilo conventual que rehúye toda ornamentación en la arquitectura tanto exterior como interior.
Se escogen preferentemente los temas relacionados con la honra ("mueven con fuerza a toda gente", escribe Lope) y se rehúye la sátira demasiado descubierta.
En su ensayo El oficio de poeta Pavese sostiene la necesidad de que las palabras se adhieran a las cosas y rehúye la musicalidad por sí misma.
Añádase, además, que, pues el «Espíritu Santo es espíritu de verdad, si alguno falta por debilidad o ignorancia, tal vez tenga alguna excusa ante el tribunal de Dios; mas el que por malicia se opone a la verdad o la rehúye, comete gravísimo pecado contra el Espíritu Santo.
Cortada en oblicuo hay, de ancha curvatura, una senda, 130 y, con la frontera de tres zonas contentándose, del polo rehúye austral y, vecina a los aquilones, de la Osa.
440 He aquí que de su coro acompañada Dictina por el alto Ménalo entrando, y de su matanza orgullosa de fieras, la vio a ella y vista la llama: llamada ella rehúye y temió a lo primero que Júpiter no estuviera en ella, pero después de que al par a las ninfas avanzar vio, 445 sintió que no había engaños y al número accedió de ellas.
Minos lo extendido rehúye, 95 y turbado por la imagen de este nuevo hecho responde: “Que los dioses te sustraigan, oh infamia de nuestro siglo, del orbe suyo, y la tierra a ti y el ponto se nieguen.
Se detuvo al llegar más acá del umbral y las puertas, y sólo del cielo se cubre, y rehúye los masculinos contactos, e instituye unas aras de césped, en número de dos, 240 la más diestra de Hécate, mas por la izquierda parte de Juventa.
De ellos tú, querido mío, y con ellos del género todo de las fieras, 705 el que no sus espaldas a la huida, sino a la lucha su pecho ofrece, rehúye, no sea la virtud tuya dañosa para nosotros dos.” “Ella ciertamente tal le aconsejó y, juntos por los aires sus cisnes, emprende el camino.
Escila llegó y hasta el vientre en su mitad había descendido, cuando desfigurarse sus ingles merced a monstruos que ladraban 60 contempló y, al principio, creyendo que no aquellas de su cuerpo eran partes, rehúye y espanta y teme las bocas protervas de los perros, pero a los que huye consigo arrastra a una, y el cuerpo buscando de sus muslos, y piernas, y pies, cerbéreos belfos en vez de las partes aquellas encuentra: 65 y se yergue por la rabia de los perros, y esas espaldas de las fieras, sometidas a sus ingles truncas y a su útero perviviente, contiene.
Él rehúye, y de quien inmóviles sus ojos en él sin fin tenía, ignorante, tuvo miedo y a la que más cerca avanzar ansiaba hubiera atravesado el pecho con una heridora flecha.
Él los ávidos mordiscos con sus veloces alas rehúye y por donde acceso le da, ahora sus espaldas, de cóncavas conchas por encima sembradas, ahora de sus lomos las costillas, ahora por donde su tenuísima cola 725 acaba en pez, con su espada en forma de hoz, hiere.