remero


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Sinónimos para remero

remador

Sinónimos

Sinónimos para remero

bogador

Sinónimos

Ejemplos ?
En el remo de banco fijo, el remero está sentado sobre un asiento fijo, y la propulsión se realiza con el torso y con los brazos.
1960: Rafael Ferrer, actor estadounidense. 1962: Steve Redgrave, remero británico. 1963: Míchel (José Miguel González), futbolista español.
¿Ha sido una tromba, una oleada? El remero lanzó un grito: -¡Dios nos ampare! La embarcación había chocado contra un enorme arrecife submarino, y se hundía como un zapato viejo en la balsa del pueblo, se hundía con toda su tripulación, hasta con las ratas, como suele decirse.
No nos cuidábamos entonces de perorar elegantemente ni de calumniar a nadie. Toda nues­tra ambición se cifraba en ser el mejor remero.
Listos, por fin, partieron. Durante una hora la canoa se deslizó más velozmente de lo que el remero hubiera querido. Remaba mal, apoyado en un solo pie, y el talón desnudo herido por el filo del soporte.
Tú sólo con tu cuerpo eres útil, 365 nos con el ánimo, y en cuanto quien modera el barco sobrepasa del remero el servicio, en cuanto el general que el soldado más grande, en tanto yo te supero.
A los que un Píndaro diera, por los olímpicos juegos, por el salto, por la carrera la oda cara a los griegos, que se cerniría sonora sobre el aquilino aeroplano que es grifo, pegaso y quimera; sobre el remero que evoca haciendo volar la prora los de la pristina galera; sobre los que en lucha loca disputan la elástica esfera; sobre las sudosas frentes de los sanos adolescentes.
Pero aun a trueque de romper un remo, Subercasaux no perdía contacto con la fronda, pues de apartarse cinco metros de la costa podía cruzar y recruzar toda la noche delante de su puerto, sin lograr verlo. Bordeando literalmente el bosque a flor de agua, el remero avanzó un rato aún.
Más por instinto que por indicio alguno Subercasaux sentía su proximidad, pues las tinieblas eran un solo bloque infranqueable, que comenzaban en las manos del remero y subían hasta el cenit.
Óyese el canto melancólico del remero, y el ruido lejano del mar, y el acompasado martilleo del molinete, y el susurro de las aguas; y como complemento de este panorama sublime y animado, mira una diadema de nubes de oro y escarlata sobre el azul purísimo del cielo, pugnando inútilmente por ceñir más de cerca el disco luminoso de la luna...
Decidle que en mi anhelo, en mi delirio por llegar a la orilla, el pecho siente dulcísimo martirio; decidle, en fin, que mientras estuve ausente, ni un día, ni un instante hela olvidado, y llevadle este beso que os confío, tributo adelantado que desde el fondo de mi ser le envío. ¡Boga, boga, remero, así llegamos!
¡Partamos, que arrecia sonora la voz indecisa del agua, y la brisa comienza de prisa la flámula a hinchar! ¡Pronto, remero! ¡Bate la espuma!