restregar

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Sinónimos para restregar

Sinónimos para restregar

refregar

Sinónimos

Ejemplos ?
Pensé que no debía ser aprensión mía lo que me había hecho sentir el contacto de sus manos, pues continuamente las restregaba una con otra como para calentarlas, y las secaba furtivamente con su pañuelo.
No le guardaba rencor porque le hubiese quitado la tela de los versos. Restregaba la cabeza y el cuello contra la vestidura de la linda dama, y parecía gustar de que ella le pasase la mano por el largo cuello y por las alas, y le alisase las plumas.
Abrió sobresaltada los ojos Trini, contempló con expresión entristecida al tabernero; poco a poco fue recobrando la lucidez, y -¡Ah, que es usté, señor Curro! -exclamó con voz dulce y musical, al par que se restregaba los grandes ojos con ambos puños cerrados.
Por un momento Hipólita tuvo miedo. Erdosain no hacía nada más que observarla con el rabillo del ojo, mientras que se restregaba las manos.
Y mientras la mujer, azorada, estrechando y alagando al angelito, corría en dirección a la quinta, Juan, el tejero, sonreía con su desdentada boca, y se restregaba las secas manos, pensando en su interior: A nosotros nos echarán y nos iremos por el mundo pidiendo una limosnita...
Con el pañuelo se secaba el llanto, pero se restregaba el pañuelo con violencia por las mejillas y por los labios, como si quisiese arrancarse la piel y los besos que en ella había estampado el príncipe indio, convertido ya en chamarilero israelita.
Abarcaba su amplia frente con la mano, se restregaba los ojos como disipando preocupaciones y nos decía después: —No hay que desanimarse, diábolo.
Ya estaba contenta Cristina; parecíale que habían dado más luz a la cinta de gas que festoneaba las columnas; que la música era más alegre y estrepitosa, los alcides más fuertes, los clowns más graciosos; el olor acre que subía de la pista le encendía los sentidos; las resonancias del Circo le parecían voces interiores, y como que se restregaba el perezoso espíritu, sintiendo dulcísimo cosquilleo, contra aquella mirada que era firme muralla de acero.
Miedo a su padrastro, que le atizaba leña al menor descuido; miedo a la portera, que era bigotuda, y le gruñía si no restregaba muy bien los zapatos en los hierros del umbral, al volver de la calle; miedo a los guardias de Orden Público, que un día le tiraron de las orejas, sin piedad de sus sabañones; miedo a su hermana, que le llevaba dos años y mandaba a zapatos en él; miedo al maestro, que no le había castigado nunca, pero que gastaba unas cejas peludas como jopos de conejo; miedo a los guripas de la calle, procaces y osados cual gorriones, que le hacían burla y le amenazaban con morradas, y cumplían la amenaza a veces.
Erdosain se echó a reír, excitadísimo: –¿Por qué no? –al tiempo que examinaba oblicuamente a la Coja se restregaba las manos–. He hecho eso y muchas cosas más graves aún.
Y ese hombre ha dicho la verdad refiriéndose a nuestra América. El Astrólogo se restregaba las manos con evidente satisfacción. El Mayor continuó, fijas las miradas de todos en él: –El ejército es un estado superior dentro de una sociedad inferior, ya que nosotros somos la fuerza específica del país.
En la Grecia antigua, una mujer que frotaba o restregaba sus órganos genitales con los de otra mujer, era llamada una «tríbade» (t??ßa?).