resonar

(redireccionado de resuenan)
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  • verbo

Sinónimos para resonar

Ejemplos ?
Como en la desembocadura de un río que las celestiales lluvias alimentan, las ingentes olas chocan bramando contra la corriente del mismo, refluyen al mar y las altas orillas resuenan en torno; con una gritería tan grande marchaban los teucros.
¿Habré de añadir que aquí no tenemos ejércitos que choquen con mutuo furor, ni armadas que se destrocen en el mar; que aquí no se medita ni se trama el parricidio; que no resuenan los foros con procesos durante días interminables; que nada es oculto, estando todas las mentes abiertas, patentes todos los corazones, viviéndose en público y delante de todos, y viéndose el pasado y el porvenir de todas las edades?
Sus trapos pintorescos y de vivo color les distinguen de los burgueses; sus exclamaciones sonoras resuenan en el ambiente claro y frío como cristal.
La noche se adelanta; una noche sin astros y sin transparencia; la brisa murmura la oración de los muertos, sollozando melancólica entre los espesos juncos; el perfume de las flores que se abren en la sombra vaga en el espacio; el grito del chakal y el silbo de las aves nocturnas resuenan confundiéndose con esos rumores siniestros y misteriosos que nacen, tiemblan y se dilatan en el seno de la oscuridad, sin que podamos decir quien los produce.
Era un tirano monopolio el que los comerciantes de Cádiz habían usurpado para ejercer el comercio de América con exclusión de los demás pueblos de España; trata el gobierno soberano de distribuir a toda la nación las ventajas de un comercio, para el que no tenía Cádiz preferentes derechos, y los clamores de esta ciudad resuenan por todas partes, fomentando amargas quejas que nada más obtuvieron que el desprecio del monarca, y el conocimiento general del poco pundonor con que aspiraba a una riqueza usurpada a pueblos que en nada le cedían.
Es una obsesión enfermiza casi; al dormirme la veo vestida con el corpiño de seda roja que llevaba en Ginebra, llamarme con la mano pálida; al abrir los ojos, lo primero en que pienso es en ella y al hacer un esfuerzo para recordar las impresiones del sueño, me parece que entre la oscuridad de éste ha pasado, vestida de blanco, con un vestido cuya falda cae sobre los pies desnudos, en una orla de dibujo bizantino, de oro bordado sobre la tela opaca, y llevando en los pliegues níveos del manto que la envuelve, un manojo de lirios blancos... Ciertas sílabas resuenan dentro de mí cuando interiormente percibo su imagen «Manibus date lilia plenis»...
En esta humilde y escondida estancia, donde aún resuenan con medroso acento los primeros sollozos de mi infancia y de mi padre el postrimer lamento; esclarecido el mundo a la distancia a que de aquí le mira el pensamiento, se eleva la verdad que amaba tanto; y, antes que afecto, se produce espanto.
Como una simple y bobalicona jovencilla me dejé atrapar. Aún resuenan en mi cerebro las palabras que nunca debió haber pronunciado.
La demora tarda de vuestra mente se aparte; juntas id, seguidme a la frigia casa de Cibebe, a los frigios bosques de la diosa, 20 donde de los címbalos suena la voz, donde los tímpanos rugen, donde el flautista frigio canta grave con su curvo cálamo, donde sus cabezas las Ménades con fuerza sacuden, de hiedra ornadas, donde los sacrificios santos con agudos alaridos hacen, donde acostumbraba a revolotear aquella de la diosa errante cohorte, 25 adonde a nosotras honra apresurarnos con agitados tripudios.” Una vez que esto a sus acompañantes Atis cantó, bastarda mujer, el tiaso de repente en sus lenguas trepidantes aúlla, el leve tímpano remuge, los cavos címbalos resuenan.
El tumulto se aumenta, los gritos y algazara de más de cuatro mil indios, junto con el estampido del trueno resuenan, en el espacio y en el silencio pavoroso de la noche, como los alegres alaridos de los demonios, resonaran en el infierno cuando por la astucia del ángel de las tinieblas, pecó la primera criatura, y se introdujo la muerte en el mundo.
Y entre salvas de aplausos tonantes, y frenéticos hurras, pónese en pie, en unánime movimiento, la ardiente asamblea, en tanto que leen desde la plataforma en alemán y en inglés dos hombres de frente ancha y mirada de hoja de Toledo, las resoluciones con que la junta magna acaba, en que Karl Marx es llamado el héroe más noble y el pensador más poderoso del mundo del trabajo. Suenan músicas; resuenan coros, pero se nota que no son los de la paz.
Manuel no puede dormir esa noche, tiene la imagen fija en su mente de el sobre delante suyo con su nombre, resuenan las palabras de don Lupe...