rijoso


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Sinónimos para rijoso

Sinónimos para rijoso

alzado

Sinónimos

Ejemplos ?
or más que sutil freno al animoso corcel en medio del galope tiene, no suele ser que el ímpetu rijoso atrás por freno racional se viene, cuando el placer lo aguija; como el oso jamás ante la miel su hambre detiene, si ya llegó a su olfato olor al caso o alguna gota degustó en el vaso.
Oyendo estas razones, de su meditación medio aturdido, el fraile volvió en sí dando un ronquido; sacó de sus calzones, para absolver, la mano humedecida; tocóla en la reliquia consabida y, en vez de bendición, echó rijoso a la moza un asperges muy copioso.
Otros autores consideran descubridor del vejestorio rijoso al comediante y dramaturgo Andrea Calmo, en cuya correspondencia parece encontrarse el diseño del futuro "Pantalone".
En las quebradas había zambras gitanas... todo un país montañero y rijoso aparecía ante mis ojos llamado por la evocación. —Si era ma lindo que una rroza —y el cojo desfogaba su tristeza reblandeciendo la suela a martillazos encima de una plancha de hierro que apoyaba en las rodillas.
Este, pues, embistió con la beata, ella en sus movimientos se desata: él se procura asir con fuerte mano y su giro burlar, pero fue en vano, que al choque impetuoso el árabe rijoso se sintió vacilante, y reculando perdió su dirección allí luchando.
Buscábalo singularmente Dafnis, quien por el reposo casero y holganza del invierno estaba rijoso y lucio, y con el beso se emberrenchinaba, y con el abrazo se alborotaba, y al ejecutar las cosas, era ya más curioso y atrevido.
El libro trata de la condición humana, en palabras del mismo Ty Ty, el patriarca rijoso: The Bastard, novela corta (1929) Poor Fool, novela corta (1930) American Earth, novela corta (1931) Tobacco Road (1932) — El camino del tabaco, trad.
Cuando cae la tarde y llega el momento de recoger el ganado, acaba el canto de Sileno. Virgilio presenta a Sileno con sus características propias: viejo, borracho y rijoso.
Describe los sufrimientos de María, hija de un obrero en paro y acosada por un rijoso clérigo, fray Patricio, y un noble, el Barón de Lago, que intentan seducirla con calumnias y agobios económicos.
Aunque el primer dramaturgo español que utilizó a forajidos como personajes secundarios fue el clasicista de fines del siglo XVI Cristóbal de Virués en su tragedia La infelice Marcela (escrita alrededor de 1580), biografías de bandoleros en piezas teatrales se encuentran ya en el primer tercio del siglo XVII en piezas como Antonio Roca de Lope de Vega (entre otras suyas perdidas, como El salteador agraviado o solo atribuidas al Fénix de los ingenios como Las dos bandoleras), El condenado por desconfiado de Tirso de Molina (Enrico), La devoción de la Cruz de Pedro Calderón de la Barca (Eusebio) o El esclavo del demonio de Antonio Mira de Amescua (el rijoso clérigo don Gil y Lisarda, arrastrada a esa vida por él).