robustez


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Sinónimos para robustez

Sinónimos para robustez

robusteza

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Así como la resistencia de los edificios reposa sobre la solidez y buena calidad de sus materiales, también la energía y el vigor de los pueblos descansan sobre la vitalidad y robustez de los individuos que forman su célula primaria.
A aquella hora asomaban en «las piezas» las galoneadas gorras de los empleados, saludados con el respeto que inspira la autoridad donde impera la fuerza; pasaban los cabos, vergajo al puño, con sus birretes blancos escasos de tela, como de cocinero de barco pobre, y comenzaban los «quinceneros» la limpieza de la casa, la descomunal batalla contra la mugre y la miseria que aquel amontonamiento de robustez inútil dejaba como rastro de vida al agitarse dentro del sombrío edificio.
Esperábamos ya alrededor de la mesa mi tía, mis dos primitas, que, en el vigor de la robustez y de la juventud, hubieran podido marear a un estoico con algo menos de rubor y con un poco más de coquetería, y el predicador que debía hacer el panegírico del santo aquel día.
Por lo que hace a robustez, que es lo que en mí busca y dice que encuentra todos los días Silvestre desde que estoy en la aldea, si algo he aumentado en volumen, debe ser consecuencia de la corteza tostada que cubre mis manos y mi cara, y del no sé qué que se ha adherido a mis cabellos que, a pesar de mi esmero, se rebelan, y están cada día más rústicos y cerdosos...
Todos estaban amedrentados y temblando, y nadie se atrevía a aceptar el reto, pero mi ardido corazón me impulsó a pelear con aquel presuntuoso —era yo el más joven de todos— y combatí con él y Atenea me dio gloria, pues logré matar a aquel hombre gigantesco y fortísimo, que tendido en el suelo ocupaba un gran espacio. Ojalá me rejuveneciera tanto y mis fuerzas conservaran su robustez.
Antes de entrar en la pubertad, esto es, antes de los catorce, o diez y seis años, en que la naturaleza ha dado a nuestros cuerpos todo el incremento necesario para perfeccionarlos, ya nos encontramos con la robustez y fuerza conveniente para auxiliarnos con nuestros propios miembros, y buscar con nuestras fatigas el remedio de nuestras necesidades.
No hay parte de la filosofía que no haya tratado aguda y a la vez sólidamente: trató de las leyes del raciocinio, de Dios y de las substancias incorpóreas, del hombre y de otras cosas sensibles, de los actos humanos y de sus principios, de tal modo, que no se echan de menos en él, ni la abundancia de cuestiones, ni la oportuna disposición de las partes, ni la firmeza de los principios o la robustez de los argumentos, ni la claridad y propiedad del lenguaje, ni cierta facilidad de explicar las cosas abstrusas.
Por eso las Sagradas Escrituras nos dicen: "¡Ay del que está solo!". La unión, al contrario, nos da fuerza, robustez y entereza, y multiplica lo que cada uno vale y puede.
La altura y gallardía de estas columnas, a quien el tiempo ha robado parte de su robustez, descarnando con desigualdad su superficie y dándoles más delgadez y esbelteza; la majestad con que descuellan sobre el gigantesco arbolado y sobre los edificios de la redonda; la gracia y novedad con que dibujan su parte inferior sobre masas de verdura y ramaje, y la superior, sobre el azul puro del cielo de Andalucía; lo vago de sus contornos, y el color indeciso y misterioso de la edad, les da una apariencia fantástica e indefinible, que causa sensación profunda en los ojos y en el corazón de quien las mira y contempla.
Todo lo relativo a la genuina noción de la libertad, que hoy degenera en licencia, al origen divino de toda autoridad, a las leyes y a su fuerza, al paternal y equitativo imperio de los Príncipes supremos, a la obediencia a las potestades superiores, a la mutua caridad entre todos; todo lo que de estas cosas y otras del mismo tenor es enseñado por Tomás, tiene una robustez grandísima e invencible para echar por tierra los principios del nuevo derecho, que, como todos saben, son peligrosos para el tranquilo orden de las cosas y para el público bienestar.
Y como dijera el pasado día 2 en carta al presidente del Partido Demócrata Cristiano, “es en la robustez de las instituciones políticas donde reposa la fortaleza de nuestro régimen institucional”.
Esta robustez y esta fuerza cada día se aumenta con el mismo trabajo y con las propias fatigas, hasta que llegando a la vejez, no tiene el cuerpo sino un incremento negativo, cuya condición se aumenta con los días.