romería

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  • sustantivo

Sinónimos para romería

peregrinación

Sinónimos

Ejemplos ?
Volvamos al principio de nuestro asunto. Como te he dicho, apenas llegué a ésta comenzaron las romerías, alternando con los bailes campestres y los paseos de la Alameda.
Ni en romerías ni en ferias se tropieza usted a esos hijos del Egipto, o esos parias, o lo que sean, con sus marrullerías y su chalaneo, y su buenaventura y su labia zalamera y engatusadora...
Por de pronto, faltan dos corridas de toros, varias romerías y muchos bailes de campo, y para antes de diez días se espera, por larga temporada, a sus altezas los duques de Montpensier.
En las siegas, deshojas, romerías y fiestas patronales, bailaba como una peonza con sus propios jornaleros y colonos sacando a los que prefería, según costumbre de las reinas, y prefiriendo a los mejor formados y más ágiles.
Por de pronto, nada se le dijo del incidente de los fiscales; toda la conversación fue para las noticias frescas, picantes, que traía de la ciudad don Mamerto. Bodas, bailes, escándalos de amor y del juego, romerías...
Las cabezas heladas por la luna que pintó Zurbarán, el amarillo manteca con el amarillo relámpago del Greco, el relato del padre Sigüenza, la obra íntegra de Goya, el ábside de la iglesia de El Escorial, toda la escultura policromada, la cripta de la casa ducal de Osuna, la muerte con la guitarra de la capilla de los Benaventes en Medina de Rioseco, equivalen a lo culto en las romerías de San Andrés de Teixido...
La generación que se presentó a sucederlos en el cargo que dejaban, considerando, a la primera ojeada, que celebrándose algunas romerías a mucha distancia de la población, era preciso, para volver con el crepúsculo a casa, suspender el baile apenas empezado, o empezarle con los garbanzos aún entre los dientes; considerando además que para las señoras, rendidas de brincar, era demasiado largo y penoso, y hasta peligroso, el camino por las callejas de San Juan y San Pedro, y considerando otras varias circunstancias no menos graves, y por último, que la gente del buen tono nada tenía que ver con las rosquillas, cazuelas de guisado, perés y otros groseros excesos de las romerías.
Decretó que en adelante los bailes campestres, respetando, enhorabuena, como motivo de ellos, las romerías, tendrían lugar, por las de San Juan, San Pedro y San Roque, en las huertas de la Atalaya, y por las de Santiago y los Mártires, en las de Miranda.
Entre tanto, las costureras, que habían venido siguiéndolos desde los prados de San Juan hasta las huertas del Alta, y rindiéndoles culto a sus propias expensas, prescindieron también del motivo de las romerías para bailar, y también se bajaron a la población para bailar más tranquilas, y pujaron el alquiler de la mismísima huerta de Santa Lucía, y no hallaron sosiego hasta que lograron bailar en ella con el mismo gas y el propio decorado de las señoras, aunque en distintos días.
Te he dicho, poco ha, que el público, en general, a falta de ocupación más digna, piensa; no es esto solo: también baila, también se baña, también pasea y forma romerías.
Después recordaron los aficionados, visto que en algunos días clásicos de romería el tiempo lloriqueaba, que la gente de pro no necesita las romerías para hacer su gusto...
Me llamaban Malospelos, porque los tenía tales, que crecían como selva enmarañada, crespos y abundantes, de tal forma, que en la fortísima cabeza no se me tenían gorra ni sombrero, que me sofocaban como si fueran yugo. En las romerías hacía yo mis grandes estragos, mis hazañas mayores...