romper

(redireccionado de rompí)
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  • verbo
  • locución

Sinónimos para romper

roturar

Sinónimos

desbaratar

romper con alguien

Sinónimos

Ejemplos ?
Y obseso de ti, endemoniado, imprevista locura del oráculo, gasté la mirra y los inciensos vanos; quemé la estrella del desierto en oro; rompí cadenas que me habían domado y di la luz a tu aventura en guardia —antorcha— para mostrarte el viento...
Últimamente (por indicación de la misma), después de haberle rendido humildemente mi tributo de gracias, de manera muy imperfecta, sin duda, pero como mejor supe, me preparé para regresar a mis patrios lares que abandoné tanto tiempo ha. Y desgarrándoseme el corazón, rompí los lazos que me unían a la diosa.
Ronca la voz y seca la garganta, Expiró mi cantar, rompí mi lira, Sólo mi lengua mis caprichos canta, Sólo esa farsa compasión me inspira.
Entre espadas y muros, claveteado, quedó mi compulsión de navegante y hastiado de morir por nada rompí las piedras y la daga, desangrante.
? Gamma Cuando un impulso de profundos huecos vagó en mi carne sollozando ausencias entre el fracaso de mis incoherencias, cavé mi tumba en cementerios secos y ahogado entre los gritos de los ecos fui desbrozando las intermitencias que doblegaban con sus penitencias mi cuerpo atormentado de embelecos. Rompí febril mi represión inútil, amordazada en su prisión de absurdo porque al espasmo de otra fe inconsútil rompí el diván que soportaba burdo y despojada mi abstinencia fútil, enloquecido hoy en su voz, me aturdo.
La tradición de mi casa era realista y levítica, mi educación jesuítica, pero mi audacia sin tasa. Rompí, pues, todos los lazos que me unían a los míos, y con juveniles bríos me arrojé del siglo en brazos; pero conservé mi fe; jamás renegué de Dios por irme del siglo en pos, ni eché ante él atrás mi pie: y cuando en aquel afán de arrasarlo todo a bulto, estalló aquel gran tumulto que parecía un volcán; entre el cólera y la ira de una plebe amotinada, de aquella agua envenenada por la imposible mentira: cuando arrastrando a los frailes se hizo oro de sus conventos, y en sus naves y aposentos se dieron cenas y bailes, de aquella demencia extrema sin villana cobardía, yo hice a la Virgen María, aunque no bueno, un poema.
Fui corriendo a la casa de Soho y para mayor seguridad rompí mis papeles; luego me encaminé por las calles alumbradas por las farolas, siempre en ese contrastado éxtasis del espíritu.
Para aliviarlo en aquello que fuera posible, cambiábale la posición del cuerpo, estiraba los cobertores, alisaba las sábanas. Al mullir su almohada, sentí entre la pluma un objeto resistente. Rompí la funda y lo extraje.
Al abrirla precipitadamente saltaron del sobre cinco pequeñas y resecas semillas de naranja, que tintinearon en su plato. Yo rompí a reír, pero, al ver la cara de mi tío, se cortó la risa en mis labios.
Mas de allí… tras la persiana de mi balcón, que caía a los jardines, veía noche y día coquetear a Rosa, llevando ufana en redor sus cien galanes: y al fin con tantos afanes pensé de un golpe acabar. Rompí mi laúd sonoro, mis cantares y leyendas; destruí todas las prendas que guardaba de su amor.
Antes jugaba al ajedrez, pero conociendo yo que hacía trampas, que mudaba las piezas subrepticiamente, rompí con él, en cuanto jugador, y me fui a buscar adversario más noble al café.
Aún la amo y aún la lloro, mas rompí su indigno yugo: entre víctima y verdugo, morir solo era mejor. Tomé, huyendo, del palacio la marmórea escalera: mas de Rosa mensajera me abordó una dueña allí y me dió una margarita: flor, oráculo de amores, que en la lengua de las flores significa: «¿Me amas?