salsa


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  • sustantivo

Sinónimos para salsa

Ejemplos ?
-Un retrete más. :::::-Alguna letrina. -María Luisa Landín cantando Amor perdido. ::::::-Salsa. -Una cumbia. :-Jazz. ::-Blues.
No era ni necesario, para persuadirle de ello, que Remusgo, el primer pinche, que ya empezaba a darse tono, y aprendería con celo, para ascender, le instase bajo y apresurado: -Que van a venir por la trucha... Que falta la salsa...
Entretanto, en la cabecera de la mesa, solo entre todas estas mujeres, inclinado sobre su plato lleno, y con la servilleta atada al cuello como un niño, un anciano comía, dejando caer de su boca gotas de salsa.
A pesar del riguroso bando conminatorio, la zapatera se negaba resueltamente a recibir papelitos, aderezando su negativa con una salsa parecida a ésta: -Miren, miren al ladronazo de ño San Martín que, no contento con desnudar a la Virgen del Rosario, quiere llevarse la plata y dejarnos cartoncitos imprentados...
Pasé las veladas con míster y mistress Micawber durante el tiempo que nos quedaba todavía por vivir bajo el mismo techo, y creo que nuestra amistad aumentaba a medida que el momento de nuestra separación se aproximaba. El último domingo me invitaron a comer y tomamos un trozo de cerdo fresco con salsa picante y un pudding.
Hasta entonces todo había marchado perfectamente pero una tarde aquella perversa ogra dijo al mayordomo: -Quiero comerme a la reina aderezada en salsa picante, lo mismo que sus hijos.
Será parecido al que nos han robado; córtalo a rajas, prepara una buena salsa y sírvelo al señor en sustitución del otro.» Al sinvergüenza cocinero le pareció acertado salvarse a costa de mi cabeza, y haciéndose lenguas de la sagacidad de su mujer, afiló sus cuchillos para poner manos a la obra.
Quien caminando lleva prisa, en camino llano tropieza. La desconfianza aparta el engaño. Más vale la salsa que los caracoles. El lobo y la vulpeja son de una conseja.
Una criada toda azorada retira el capón en el plato de su salsa; al pasar sobre mí hace una pequeña inclinación, y una lluvia maléfica de grasa desciende, como el rocío sobre los prados, a dejar eternas huellas en mi pantalón color de perla; la angustia y el aturdimiento de la criada no conocen término; retírase atolondrada sin acertar con las excusas; al volverse tropieza con el criado que traía una docena de platos limpios y una salvilla con las copas para los vinos generosos, y toda aquella máquina viene al suelo con el más horroroso estruendo y confusión.
Al ver que la cocinera se encontraba preparando los jitomates y el chile para hacer en el molcajete una salsa, él se convirtió en un TEXÓLOTL, es decir el tejolote, la piedra para hacer moles a una mano con variados chiles.
Sentado en una de éstas, apoyados los codos sobre la pétrea mesa, Carlos devoraba un respetable revoltijo de huevos fritos, jamón y salsa de tomate, mientras dirigía perezosamente miradas temerosas al fajo de periódicos sin abrir.
Les sacó debajo de la cama uno tras otro, y las pobres criaturas se arrodillaron pidiéndole perdón; pero tenían que habérselas con el más cruel de los ogros, quien lejos de sentir piedad por ellos, ya les estaba devorando con los ojos y decía a su mujer que constituirían un plato exquisito cuando les hubiese aderezado con una buena salsa.