Ejemplos ?
Todo lo que podía hacer era descubrir el misterio a su hijo pues temía que éste, arrebatado por el ardor de la juventud, llegase a seducir a su hermana, puesto que no se conocían.
Para resolver lo conveniente en un asunto de tanta importancia y gravedad como el que comprenden dichos papeles capaces de deslumbrar y seducir a quienes no estén penetrados y dotados del ardiente e inalterable amor...
No sé si usted es amante del Derecho, amigo Unamuno, y si se disgustará porque le diga que el Derecho es una mujerzuela flaca y tornadiza, que se deja seducir por quien quiera que sepa sonar bien las espuelas y arrastrar el sable.
¿En virtud de qué principio se le iba a exigir a él en adelante que no se dejara seducir por las patronas y por las señoras casadas?
Otra vez se le quería seducir, otra vez su timidez, su horror al libertinaje y al escándalo eran incentivo para una pasión vergonzante.
Lo cual demuestra que Gertrudis tenía mucho más talento que doña Concha y doña Engracia. Doña Concha quería seducir a un huésped a quien daba chuletas de caballo fósil...
Y pensando en Ovidio fue cuando se le ocurrió advertir el gran peligro en que su virtud estaba cerca de doña Gertrudis Campoarana. Aquella Circe le quería seducir sobre seguro, esclavizándole por la gula.
Este pueblo ha dado para todo; severidad para los viejos tiempos; austeridad para la República; depravación para los Emperadores; catacumbas para los cristianos; valor para conquistar el mundo entero; ambición para convertir todos los Estados de la tierra en arrabales tributarios; mujeres para hacer pasar las ruedas sacrílegas de su carruaje sobre el tronco destrozado de sus padres; oradores para conmover, como Cicerón; poetas para seducir con su canto, como Virgilio; satíricos, como Juvenal y Lucrecio; filósofos débiles, como Séneca; y ciudadanos enteros, como Catón.
DEMANDADO.- Usted es un pobre hombre; pero antes que dejarse seducir por un malvado, debiera oír los consejos de los hombres de bien.
-continuó Rosa, con una risa de desprecio-. Nunca hubiese creído que Steerforth se dejase seducir por esa falsa modestia y esa expresión ingenua.
A Max, menos artista que Fabio, sólo le gustaban las empresas difíciles; buscaba resistencias que vencer, virtudes que seducir, y concebía el amor como una partida de ajedrez, con jugadas largo tiempo meditadas, efectos asombrosos, sorpresas y estratagemas dignas de Polibio.
Considerando: que la única bandera honrada de la revolución ha sido y sigue siendo la del Plan de Ayala, complemento y aclaración indispensable del Plan de San Luis Potosí, pues sólo aquel Plan consigna principios, condensa con claridad los anhelos populares y traduce en fórmulas precisas las necesidades económicas y materiales del pueblo mexicano, para lo cual huye de toda vaguedad engañosa, de toda reticencia culpable y de esa clase de escarceos propios de los políticos profesionales, hábiles siempre para seducir a las muchedumbres con grandes palabras vacías de todo sentido y de tal modo elásticas, que jamás comprometen a nada y siempre permiten ser eludidas.