Ejemplos ?
Como el que descubre un dragón en la espesura de un monte, se echa con prontitud hacia atrás, tiémblanle las carnes y se aleja con la palidez pintada en sus mejillas, así el deiforme Alejandro, temiendo al hijo de Atreo, desapareció en la turba de los altivos troyanos. Advirtiólo Héctor y le reprendió con injuriosas palabras: — ¡Miserable Paris, el de más hermosa figura, mujeriego, seductor!
Yo no creí que fuese cierto tu aviso; tan hechizado lo vi, que al principio para mi era el mundo un paraíso. Así viví sin temor, disfrutando los placeres del mundo tan seductor; en él encontré el amor al encontrar las mujeres.
Éste quedó admitido para hacer la corte a Laurentina, mientras los viejos cuestionaban sobre el arrastre de chico y la falla del rey, y cuatro o seis meses más tarde eran ya puntos resueltos para ambos padres el noviazgo y el consiguiente casorio. Baldomero era un gallardo mancebo, pero libertino y seductor de oficio.
11 Por eso Dios les envía un poder seductor que les hace creer en la mentira, 12 para que sean condenados todos cuantos no creyeron en la verdad y prefirieron la iniquidad.
Angela, que tal vez no habría resistido á un seductor ar- mado de rizados bigotes y guantes de Preville, tuvo odio y repugnancia por im amante que vestía hábito de jerga y mos- traba rapado el cerviguillo.
Los dos mensú quedaron solos charlando, de resultas de lo cual convinieron en vivir juntos, a cuyo efecto el seductor se instaló con la pareja.
¿Cuál sería el carácter de esta civilización?… He aquí un problema que no tiene solución; pero que sin embargo daría materia a una inteligencia vasta y a una imaginación poética como la de Herder, para fraguar un sistema seductor y bellísimo, partiendo de los datos conocidos, y pintándonos lo que pudo ser, sabiendo lo que fue en realidad.
No ha faltado más que pecTír cinco años de pe- nitenciaría para el subdecano por haber acordado su visto hueno á la inofensiva disertación, que ciertamente no tiene ni el mé- rito de estar escrita en galano y seductor estilo, sino en prosa muy prosaica y ajustada á las leyes de la sintaxis, no obstan- te que el tema se prestaba á bizarrías de lenguaje.
¿Qué es don Juan Tenorio sino un disipado, seductor de mujeres, como mil se han presentado en el teatro antes y después de El convidado de piedra?
Y así el mercader diciendo, con paso acercóse grave a una puerta cuya llave volviendo con rapidez, mostró a la vista asombrada del generoso cristiano, un portento soberano de lujo y esplendidez. No sus sentidos gozaron en otra ninguna estancia, tan deliciosa fragancia, encanto tan seductor.
Y pasaron muchas noches, y don Juan siguió viniendo a la reja y siguió oyendo Margarita al seductor, y con las dulces promesas del galán adormecida, suspiró por otra vida de deleites y de amor.
Entretanto el moscatel desempeñaba una función terrible. Benedicta había echado un narcótico en la copa de su seductor. Aquí cabe el refrán: «más mató la cena que curó Avicena».