Ejemplos ?
De donde tiene origen aquel feo e impropio, pero frecuente aplauso, con que se dice que nuestros oradores hablan con soltura, y los histriones danzan con elocuencia.
el obispo don Jherónimo soltura nos dará, ¡Hirlos hemos fferir en el nombre del Criador & del apóstol Sancti Yagüe; mas vale que nos los vezcamos que ellos cojan el pan!» Essora dixieron todos: «¡D’amor & de voluntad!» Fablava Minaya, non lo quiso detardar: «Pues esso queredes Çid, a mí mandedes al: dadme CXXX cavalleros pora huebos de lidiar; quando vos los fuéredes ferir entraré yo del otra part, o de amas o del una Dios nos valdrá.» Essora dixo el Çid: «¡De buena voluntad!» 94.
El militarismo derroco á Pezuela, no por lealtad ni amor al soberano, sino porque sólo prolongando la guerra había ancho campo para ascensos y medros:~«Era preciso (1) (dice Mendiburu en su artículo sobre La Serna) dar soltura á las ambiciones, recibir ascensos en abundancia, (como sucedió con García Camba, que en menos de dos años ascendió desde co- mandante hasta general), volver á España para figurar en ele- vada escala, jugar el todo por el todo, frase frecuente en boca de Canterac.
Salió corriendo escaleras abajo (porque el salón no era un lugar seguro para él después de haber dicho tales palabras) y oyó al señor maldecirle a sus espaldas, con la misma soltura con que lo hacía Sir Robert, llamando a gritos al alguacil y al oficial de guardia.
Un cierto aire, en fin, de soltura y agilidad en sus gestos y actitudes denotaba a un truhán habilidoso metido desde temprana edad en todo tipo de oficios.
Este tal sobrino es un mancebo que ha recibido una educación de las más escogidas que en este nuestro siglo se suelen dar; es decir esto que sabe leer, aunque no en todos los libros, y escribir, si bien no cosas dignas de ser leídas; contar no es cosa mayor, porque descuida el cuento de sus cuentas en sus acreedores, que mejor que él se las saben llevar; baila como discípulo de Veluci; canta lo que basta para hacerse de rogar y no estar nunca en voz; monta a caballo como un centauro, y da gozo ver con qué soltura y desembarazo atropella por esas calles de Madrid a sus amigos y conocidos; de ciencias y artes ignora lo suficiente para poder hablar de todo con maestría.
Corramos a romper las cadenas de aquellas víctimas que gimen en las mazmorras, siempre esperando su salvación de vosotros; no burléis su confianza; no seáis insensibles a los lamentos de vuestros hermanos. Id veloces a vengar al muerto, a dar vida al moribundo, soltura al oprimido y libertad a todos.
Sin citar las Pandectas ni el Fuero Juzgo, y con sólo la autoridad del Diccionario de la lengua, probó el tunante su buen derecho; y los jueces, que en vida fueron probablemente literatos y académicos, ordenaron que sin pérdida de tiempo se le diese soltura, y que Lilit lo guiase por los vericuetos infernales hasta dejarlo sano y salvo en la puerta de su casa.
Mirábala su hermano, y, aunque la soltura de su atrevimiento le incitaba a la venganza, las palabras tan tiernas y tan eficaces con que manifestaba su culpa le ablandaron de tal suerte las entrañas, que, con rostro agradable y semblante pacífico, la levantó del suelo y la consoló lo mejor que pudo y supo, diciéndole, entre otras razones, que por no hallar castigo igual a su locura le suspendía por entonces; y, así por esto como por parecerle que aún no había cerrado la fortuna de todo en todo las puertas a su remedio, quería antes procurársele por todas las vías posibles, que no tomar venganza del agravio que de su mucha liviandad en él redundaba.
No obstante, al fin del viaje iba ya adquiriendo el príncipe algo de la soltura de su compañero; verdad es que estaba moreno como una castaña, y sus bucles rubios, enmarañados y llenos de polvo, parecían una madeja de lino.
!Que pesado era el libro en nuestras manos, y qué envidia se levantaba en el corazón por el estudiante libre de la Universidad, tan despreciado antes, y que hoy veíamos pasar, con el corazón sombrío, radiante en su elegancia, en su traje, en la incomparable soltura de sus maneras!
Mi primer sentimiento, aparte de la abrumadora admiración, fue un leve asombro por la absoluta calma y soltura con que soportaba cómo la miraba fijamente.