Ejemplos ?
Vuestro barreño es muy viejo, está tan lleno de rendijas que parece una celosía; apenas se sostiene.» Y volviéndose de cara al marido, afectando no conocerle: «¡Eh!, gritó; camarada, dadme inmediatamente una luz para rascar bien la suciedad que tiene dentro y podamos ver exactamente su estado.
Ítem, se ordena y manda que (de la habiente) suciedad o estiércol se eche en el campo o en el río a donde le pueda llevar la corriente, como no sea a donde se coja agua y se lave ropa, y no se echen en los corrales y calles, so pena de que a su costa se hará limpiar, de diez pesos aplicados para el reparo de la Ciudad.
Allí está la suciedad limpia, la gordura rolliza, la hambre prompta, la hartura abundante, sin disfraz el vicio, el juego siempre, las pendencias por momentos, las muertes por puntos, las pullas a cada paso, los bailes como en bodas, las seguidillas como en estampa, los romances con estribos, la poesía sin acciones.
Al recobrar el conocimiento, a la mañana siguiente, se vio caído en el suelo de su cuarto de estudio, completamente vestido. Estaba cubierto de suciedad y telarañas, y le dolía su cuerpo tremendamente magullado.
¡Y cuán feos y repugnantes para recibir al Todopoderoso! El pelo enmarañado, la nariz con costras, los ojos pitarrosos, el cuerpo con escamas de suciedad.
Las habitaciones cubiertas de molduras descoloridas por el humo y el polvo de más de cien años, los escalones medio derrengados, los gritos y luchas de las ratas grises en las madrigueras, el verdín y la suciedad de todo, lo conservo en mi espíritu, no como cosa de hace muchos años, sino de ahora mismo.
Sobre la sangre y despojos del enemigo descubren la frente, y dicen que entonces han satisfecho a la obligación de haber nacido, y que son dignos de su patria y de sus padres. Los flojos, flacos y cobardes, y que son inútiles para la guerra, quedan siempre con aquella suciedad.
Además, aun no alcanzaba a comprender eso de matarse por el oro, el TEOCUITLATL, el excremento de la energía, el sudor de ella, la suciedad.
Pronto formaron parte de la extraña fauna de esos lugares y los gallinazos, acostumbrados a su presencia, laboraban a su lado, graznando, aleteando, escarbando con sus picos amarillos, como ayudándoles a descubrir la pista de la preciosa suciedad.
Estoy en duda si pondré las naciones de los peucinos, venedos y fennos entre los sármatas o entre los germanos, aunque los peucinos, a que algunos llaman bastarnas, viven como los germanos en la lengua y hábito, y asiento y casas. La suciedad y entorpecimiento es común a todos.
Y, para colmo, entraba en los hábitos de este puerco de Sodoma dejar siempre esta parte de su cuerpo en tal estado de suciedad que velase siempre alrededor del ano un redondel de porquería de dos pulgadas de espesor.
Examinó luego las categorías de los hombres y vio que «los de cada categoría, contentos con lo que tienen delante, toman por dios a sus pasiones» y por objeto de adoración a sus deseos; se matan por poseer las vanidades del mundo, «absorbidos por el cuidado de atesorar, hasta que visitan la tumba»; no les aprovechan las advertencias, no les hacen ningún efecto las palabras buenas, la discusión sólo les aumenta la pertinacia; no tienen ningún camino para llegar a la sabiduría ni poseen una mínima parte de ella. Están sumergidos en la ignorancia, «y los bienes que persiguen han invadido sus almas como la suciedad.