terror


También se encuentra en: Diccionario.
  • all
  • sustantivo

Sinónimos para terror

Sinónimos para terror

pánico

Sinónimos

Ejemplos ?
Los clásicos cuarenta días pesan fuertemente, sobre todo en mamá, y aún hoy, con treinta y nueve transcurridos sin el más leve trastorno, ella espera el día de mañana para echar de su espíritu, en un inmenso suspiro, el terror siempre vivo que guarda de aquella noche.
Las criaturas, en efecto, no temían a la oscuridad, ni a la soledad, ni a nada de lo que constituye el terror de los bebés criados entre las polleras de la madre.
Por la misma razón, el hombre público que sacrifica su opinión y sus sentimientos al terror, es tan cobarde como el militar que en el combate arroja las armas y huye.
Estos se coronaron con la tercera carga, á cuya energía no pudiendo ya resistir nuestros opresores corrieron en fuga hasta el cerro, dejando en él campo porcion de cadaveres; y llevando hasta la ultima altura él terror que les havía inspirado tan esforzado denuedo.
Ella lo sabía, y a pesar del terror que esta idea le producía, anhelaba ver ante sus ojos el rostro bondadoso y rudo de don Leovigildo, de aquel buen cura que tanto la acariciara de niña, al ver pasar al cual apresurábase siempre a separarse de sus compañeras de juegos y travesuras infantiles par ir a besarle la mano y a pedirle alguna estampita sagrada; a aquel bondadoso apacentador del rebaño de su pueblo, que había bendecido su unión con su Joseíto.
Mientras Estábamos en ella empeñados, un fuerte disparo, como de una pistola, se oyó inmediatamente debajo de las ventanas del edificio, y fue seguido por una serie de gritos de terror, y exclamaciones de una multitud asustada.
Al aparecer, media hora más tarde, el sacerdote en la estancia, un silencio solemne imperó en ella; sólo se oía el estertor de la moribunda; ésta miraba con expresión de terror a don Leovigildo, que habituado a aquellas tristes escenas y a tener que poner un consuelo en todo el que se disponía a atravesar los aterradores umbrales, la contemplaba con serena expresión llena de amor y de dulcedumbre.
Las asustadas fueron las tres buenas mujeres: doña Teresa por pura humanidad; Augustias, por cierto empeño hidalgo y de amor propio que ya tenía en curar y domesticar a tan heroico y raro personaje, y la criada, por terror instintivo a todo lo que fuera sangre, mutilación y muerte.
El pobre joven, que había anotado las cantidades con sudores de muerte, vióse obligado a hacer el resumen con los dedos, como las viejas. Tal era su terror.
Y no hablamos del terror de la hija, porque, ya lo neutralizase la curiosidad, ya no tuviese acceso en su alma, más varonil que femenina, era el caso que la gentil doncella, desoyendo consejos y órdenes de la madre y lamentos o aullidos de la criada, ambas escondidas en los aposentos interiores, se escurría de vez en cuando a las habitaciones que daban a la calle, y hasta abría las maderas de alguna reja, para formar exacto juicio del ser y estado de la lucha.
El Sílex, que pasó por allí al atardecer, recogió al mensú ya casi moribundo. Su felicidad transformóse en terror al darse cuenta al día siguiente de que el vapor remontaba el río.
Casi no tienes ni una sombra vana de nuestra grande Itálica, y, ¿esperas? ¡Oh terror perpetuo de la vida humana! Las enseñas grecianas, las banderas del senado y romana monarquía murieron, y pasaron sus carreras.