Ejemplos ?
Todos le llamaban maese Gonin, tal vez a causa de su habilidad en los juegos de prestidigitación, o quizá porque en efecto descendiera de aquel famoso juglar que fundó bajo Carlos VI el teatro de los Enfants–sans–Souci y fuera el primero en llevar el título de Príncipe de los Tontos, heredado por el señor Chotacabras, quien mantuvo sus soberanas prerrogativas, incluso, en el parlamento.
BERGANZA.—Así es, porque también se puede decir una necedad en latín como en romance, y yo he visto letrados tontos, y gramáticos pesados, y romancistas vareteados con sus listas de latín, que con mucha facilidad pueden enfadar al mundo, no una sino muchas veces.
¿Qué hace? Se traslada y le vende su mejor tecnología a los chinos, porque son chinos pero no son tontos. Además quieren que cuando le vendan las cosas, se las transfieran con tecnología y está muy bien.
Y todos en la mirada vidriosa lucen la hipnosis de una programación encartelada de sueños tontos: Un vestido como aquél; pantalones como ésos; un perfume como el mío, un cigarro como el de él, una casa como la suya; una hembra como la del cartel; un macho como el de los calzones mini y una oración inescuchable, pero que se oye: Ayúdame.
Que tu alma no se nutra de pensamientos vagos; que no recibas flores sin conocer de quién; que el corazón te pueda librar de los estragos de libros y de utopias en que los tontos creen.
Señoras, señores, no seremos economistas pero no somos tontos, sabemos que cada uno de estos movimientos implica formidables transferencias de ingresos y los únicos perjudicados siguen siendo los millones y millones de habitantes que pierden su trabajo, pierden sus esperanzas y lo que yo aspiro es a que no pierdan la paciencia, porque normalmente cuando se pierde la paciencia en situaciones sociales límite, cuando no se consigue trabajo, donde los pobres no tienen un Estado que los proteja y los contemple, finalmente terminan sobreviniendo crisis políticas e institucionales como las que nos tocó vivir a nosotros en el año 2001.
- Pues entonces, salid aquí -le respondió el rey-. Vosotros erais los que habíais tratado a Adán y Eva de tontos. Pues vosotros dos sois más tontos aún.
De lo que huyo, repito, como de la peste, es de que me clasifiquen, y quiero morirme oyendo preguntar de mí a los holgazanes de espíritu que se paren alguna vez a oírme: «Y este señor, ¿qué es?» Los liberales o progresistas tontos me tendrán por reaccionario y acaso por místico, sin saber, por supuesto, lo que esto quiere decir, y los conservadores y reaccionarios tontos me tendrán por una especie de anarquista espiritual, y unos y otros, por un pobre señor afanoso de singularizarse y de pasar por original y cuya cabeza es una olla de grillos.
Todavía están los dos por allí, desgraciados como dos piedras. Y sus hijos les dicen: "¡Pero mira que sois tontos, papá y mamá!". Este cuento tiene una moraleja.
Allí al lado pasean todo el día la plazuela de Santa Ana los innumerables representantes de la legua que vienen en la Cuaresma a hacer oposición a las plazas de farsantes y que riñen sobre si han de hacer un día de reyes y otro de pordioseros en Madrid o en Alcalá, como si todos los parajes del mundo no fueran tan buenos unos como otros para hacer los tontos.
Personas muy inteligentes pueden ser poco creativas y no dar acertadas soluciones a problemas; en tanto que individuos con psicometrías normales y hasta menores, han alcanzado a “mover” de tal modo su mente, que su obra creadora sorprende a todos aquellos que los consideraron hasta tontos, inclusive; el caso Mozart, es evidente.
Y como por una distinción de exquisito precio, la amistad participa del privilegio del mérito, de poner algo en el álbum, y como se puede ser muy buen amigo y no tener ninguna especie de mérito, un álbum viene a ser frecuentemente más bien que un panteón, un cementerio, donde están enterrados, tabique por medio, los tontos al lado de los discretos, con la única diferencia de que los segundos honran al álbum, y éste honra a los primeros.