topacio


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  • sustantivo

Sinónimos para topacio

jacinto occidental

Sinónimos

  • jacinto occidental
Ejemplos ?
Los otros dos pájaros no eran, ni con mucho, tan bellos; pero tampoco carecían de mérito singular. Los tres venían con muy ligero vuelo, y los tres se abatieron sobre la taza de topacio y se zambulleron en ella.
El señor Frasco no pudo contenerse más tiempo; su amigo habíale hecho ver un cuadro que lo sacaba de tino, habíale hecho ver a la Topacio en una de las mesas del café cantante donde ganábase la vida trinando como una alondra...
Cinco años habían transcurrido desde el día en que el señor Francisco, liándose la manta a la cabeza y contra viento y marea y contra los consejos del mejor de sus amigos, hubo de contraer enlace matrimonial con Dolorcita la Topacio.
Y cinco años eran transcurridos -repetimos- durante cuyos cinco años jamás había despegado sus labios el señor Pedro refiriéndose a la Topacio para nada que no fuese entonar un himno en su honor, cuando un día, día otoñal, fresco y luminoso, en que parecía reír el cielo azul, el espacio límpido y sereno, el sol ardiente y vivificador; en que alegres bandurrios de mozas y mozos cargados con los cestos de la merienda y la indispensable guitarra, acomodábanse acá y acullá en las desigualdades de los montes o en las hondonadas de los arroyos, para alegrar la vida con algunas horas de solaz y de esparcimiento, sentáronse ambos amigos al pie de uno de los árboles que sombrean la Carrera de Capuchinos, y -¿Qué tiées, que estás triste?
LXVI Prolija prevención en breve hora se disolvió, y el lúcido topacio, que occidental balcón fue de la aurora, ángulo quedó apenas del palacio.
Sobre su chaleco de blanco piqué, tieso y mal planchado, ostentaba pesado medallón de oro, en cuyo centro fulguraba gruesa piedra amarilla. -¡Vaya un topacio que se trae don Jacobo hoy!
alve, santo en esencia y atributos, origen y principio de ti mismo, tú que mides los siglos por minutos, y sondeas los senos del abismo; tú que cuentas las hojas que perecen bajando a tapizar humildes gramas, y sabes cuantas viven y se mecen entre los laberintos de sus ramas; que sabes cuantos pliegues esclavizan a la temprana flor en su capullo, cuantas olas se estrellan o se rizan, cuantas duermen sin voz o dan murmullo; cuantas gotas el iris trasparentan, cuantas hebras de luz el sol desata, cuantos soplos los céfiros alientan, cuantos sueños la luna que es de plata; que de noche a tu carro de topacio uniste los alados aquilones...
Y dos meses estuvo almorzando pechugas de faisán con vinos olorosos, y paseando por el jardín con su capa de armiño y su sombrero de plumas, hasta que un día vino un chambelán de casaca carmesí con botones de topacio, a decirle que la reina lo quería ver, sentada en su trono de oro.
De las volcadas urnas de tus ríos huye el caudal sonoro por los bosques umbríos de naranjos en flor con frutos de oro; de tus jardines sube incesante el aroma de tus flores, como de incienso la sagrada nube del fuego del altar de los amores; bajan de tus montañas, conversando entre sí con rumor leve, el arroyo perdido entre las cañas y el viento que las mueve; posan en tus riberas, olvidadas del vuelo, las raudas golondrinas pasajeras; copian tus lagos el azul del cielo; te dora el sol con lumbres de topacio, y a cada flor que brota de tu suelo se abre una estrella en tu anchuroso espacio.
Es un pájaro que brilla a la luz, como las cabezas de los colibríes, que parecen piedras preciosas, o joyas de tornasol, que de un lado fueran topacio, y de otro ópalo, y de otro amatista.
-Pos veremos a ver lo que me dice cuando venga aluego; pero mientras anda tú y alegra una miaja al público y dile a la Topacio que se cante el último del Mochuelo.
Rosario, que habíase ya sentado entre sus compañeras, paseó una mirada complacida por el numeroso público y exclamó, dirigiéndose a la Topacio: -Oye tú, ¿sabes tú que esto está archisuperiorísimo esta noche?