trepar


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Sinónimos para trepar

encaramarse

Sinónimos para trepar

Ejemplos ?
En esa suelta arena sin remover, convertida en laboratorio de cultivo por el tiempo cruzado de lluvias y sol ardiente, los piques se propagaron de tal modo que se los veía trepar por los pies descalzos de los chicos.
Mas no es el arduo dolor donde acurruco los olvidos quien se asoma; ni es el miedo a cometer el mismo llanto, sino la ancha cuesta por donde tiene que trepar la angustia de no irse hacia el cinismo… Es aquello que callado me incinera y me mancha al verterse en el camino con un lloro que no importa a los que ríen de ese luto prohibido en tanto duelo hecho de amnesias que ahora entierro.
Quién sabe porqué, pero había recobrado mi forma y mi estatura. Sin embargo, a esta marabunta no le impresionó mi tamaño recuperado y principiaron a trepar por mi cuerpo.
Sus mayores audacias eran subírseme al hombro por el codo, coger con delicado gesto furtivo una aceituna a la hora del refectorio, trepar a los muebles, cazar moscas y mirarse en el espejo.
Entonces el abeto les narró toda la historia, sin dejarse una sola palabra; y los animales, de puro gozo, sentían ganas de trepar hasta la cima del árbol.
De sus labios las aguas cristalinas De célica virtud sin cesar brotan, Y de su fe las providas doctrinas Del mal las fuerzas débiles agotan, Que se estrellan cual olas blanquecinas Que la playas inmóviles azotan: Y aprenden con su ejemplo loas mortales A trepar por las sendas celestiales.
No quise, pues, dejar pasar la hermosa y apacible luna de julio sin que alumbrara en la penosa diversión de trepar a las cumbres del volcán, que estaba además encendido y amagando una pequeña erupción.
Cuando el loco de mente normal se dio cuenta del público, salió cubierto de mil ropajes y adornos para trepar al ventanal con el fin de que lo vieran.
En un brío, para mí sobrehumano, saqué todas las fuerzas que aún tenía y pude alcanzar una roca saliente que allí se asomaba. En ese fragoso momento supe que estando colgado de ella, con un poco más de forcejeo, podría trepar y salvarme.
Con otro impulso más, que no supe de dónde lo saqué, logré trepar hasta la roca salvadora y pude encontrarme sano y seguro, recargado como lagartija asustada sobre la enorme piedra con mi aliento agitadísimo.
Yo le dije deseoso de gustar otra vez el consuelo de sus palabras tímidas: —Tú no sabes que si tenemos dos brazos es como un recuerdo de las edades salvajes, para trepar a los árboles, para combatir con las fieras...
Tuve, pues, que trepar por la triste muralla y, apoyándome en una de las columnas de la horca, me puse a contemplar la comarca que desde allí se divisaba.