Ejemplos ?
Al aparecer, media hora más tarde, el sacerdote en la estancia, un silencio solemne imperó en ella; sólo se oía el estertor de la moribunda; ésta miraba con expresión de terror a don Leovigildo, que habituado a aquellas tristes escenas y a tener que poner un consuelo en todo el que se disponía a atravesar los aterradores umbrales, la contemplaba con serena expresión llena de amor y de dulcedumbre.
¿Cuándo aprenderán que las almas donde sólo existe la luz de la verdad, son almas tristes, torturadas, adustas, que hablan en el silencio con la muerte y tienden sobre la vida una capa de ceniza?
De esta misma manera el orbe desprecia lo exterior, porque está contento con la vista de sí mismo: todo el bien lo encerré dentro, y vuestra felicidad consiste en no tener necesidad de la felicidad. Diréis que os suceden muchas cosas tristes, y duras de sufrir.
En los días amargos en que gimo y las quejas de mis labios se escapan en forma de blasfemias, alzo los tristes ojos a mi corona vieja y encuentro allí la araña, la misma araña fea con sus patas peludas y su cabeza negra, ¡como oyendo las frases que en mi boca aletean!
Brujo Lunar. Grande la aflicción de sus corazones: tristes sus bocas, tristes sus rostros. En seguida llegaron en secreto ante los rostros de Brujo del Envoltorio.
Salvando, así, París no solamente merced os deberán los parisinos, que, mucho más que por el mal presente, gimen tristes, medrosos y mohínos por hijos y mujeres juntamente que un mismo mal padecerán mezquinos.
2 Pajarito, delicias de mi niña, con el que jugar, que en el seno tener, al que la yema del dedo dar, que la apetece, y suele incitar a acres mordiscos, cuando por la nostalgia mía esforzada, a un amado no sé qué gusta de jugar, y consuelito de su dolor, creo que para que entonces su grave ardor se aquiete: contigo jugar, como tú misma, pudiera yo, y los tristes cuidados de mi ánimo aliviar.
¿Relación a media noche y con vela? ¡Que no valga! Leonor: Si de mis sucesos quieres escuchar los tristes casos........ ........ ........
Cuando yo entré alzó los ojos tristes y sombríos, cercados de una sombra violácea: —¿Por qué tal insistencia en venir esta misma noche?
260 con que ostentan mis desdichas lo poderoso y lo vario, escucha, por si consigo que divirtiendo tu agrado lo que fue trabajo propio sirva de ajeno descanso, o porque en el desahogo hallen mis tristes cuidados a la pena de sentirlos el alivio de contarlos.
Qué espesura de puñales y túnicas desgarradas. Por las escaleras tristes esclavos suben y bajan. Émbolos y muslos juegan bajo las nubes paradas.
Yo quedé en el mismo sitio, esperando una última palabra. Don Carlos alzó un momento los ojos del parte que leía y tuvo para mí una de sus miradas afables, nobles, serenas, tristes.