Ejemplos ?
Aquella niña hermosa que escondía Los dedos de marfil torneados, puros, Entre los rizos que en la sien mecía En confusión, como la sombra obscuros, Sus ojos de azabache, que espiaban Los ojos del mancebo irreverente, A cuyo fuego criminal brotaban Las rosas del pudor sobre su frente, Aquella niña bulliciosa, inquieta, La sien ceñida de crespón y flores, Que por ajeno parecer sujeta, A los pies del altar soñaba amores: Tú la veías seca y descarnada, Sin cuanto bello en la hermosura hechiza, Calva la frente, huera la mirada, Los labios de coral vueltos ceniza.
8 Y tras la puerta y el umbral pusiste tu recuerdo: porque á otro que á mí te descubriste, y subiste, y ensanchaste tu cama, é hiciste con ellos alianza: amaste su cama donde quiera que la veías.
M.A.B.: No lo reconocíamos. R.R.H.: Vos que lo veías a través del agujero no lo reconocías. M.A.B.: Vos sabés que vino y le dijimos: “¿vos quién sos?” Y “soy Mariano”.
Cuando abrió los ojos se miró en sus aposentos; el forastero de hinojos le decía sus sentimientos: -Desde siempre yo te he amado, pero tú ni me veías; después que te has desmayado regresé porque sufrías.
El Amor alcanza a leer lo escrito en la estrella más remota, pero el Odio te cegó de tal modo que no veías más allá del jardín angosto, tapiado y ya marchito de tus deseos vulgares.
Por supuesto que tú tenías tus ilusiones, vivías en ellas de hecho, y a través de sus nieblas cambiantes y sus velos de colores lo veías todo cambiado.
Al respecto, Manual Cuevas vicepresidente de la compañía disquera de ese país comentó: «La gente se dio cuenta, conectó con las canciones desde un principio. Para nosotros como compañía era complicado porque veías la trayectoria que ella tenía y nunca había tenido un boom tan fuerte...
Mató de un disparo a un cocinero judío porque la sopa estaba muy caliente y dispensaba un trato brutal a sus dos criadas, Helen Jonas-Rosenzweig y Helen Hirsch, quienes temían diariamente por sus vidas. Poldek Pfefferberg, uno de los judíos salvados por Oskar Schindler, dijo: «Cuando veías a Göth, veías a la muerte».
Y tú, señor Baco, ¿por qué no tuviste piedad de las infelices, entre las que habitabas, a las que veías, y con las que te coroné tantas veces?
¡Ya comprendo mi sueño y la visión que alzóse ante mis ojos, el espectro de alas negras que no me ha abandonado! ¡Oh hijo: eras tú, que no veías ya la luz de Zeus!
16 Pero al malo dijo Dios: ¿Qué tienes tú que enarrar mis leyes, Y que tomar mi pacto en tu boca, 17 Pues que tú aborreces el castigo, Y echas á tu espalda mis palabras? 18 Si veías al ladrón, tú corrías con él; Y con los adúlteros era tu parte.
Si tú supieras los problemas con los cuales tengo que luchar, Veías que tengo argumentos incluso para romper mi pluma; ¿ Para qué tratar en una lucha justa Obtener una nueva forma para nuestra antigua y sabia lengua ?