Ejemplos ?
vosotros los que veis correr las lágrimas vertidas por vuestra culpa sin procurar enjugarlas; los que no os privéis de un gusto para que otros tengan calma; los que buscáis vuestra dicha labrando ajenas desgracias, ¿olvidáis que sois mortales?
Creo que podría hacerlo, sólo con saber por dónde empezar.» Y es que, como veis, a Alicia le habían pasado tantas cosas extraordinarias aquel día, que había empezado a pensar que casi nada era en realidad imposible.
Me ha sucedido muchas veces, Sócrates, que encontrándome contigo, me he dejado llevar de la más viva admiración al oír tus discursos, y me ha parecido que hablabas mejor que nadie, cuando reprendiendo a los hombres, como un dios que aparece en lo alto de una máquina de teatro, exclamabas: :«¿A dónde vais a parar, mortales? ¿No veis que no hacéis nada de lo que deberíais practicar?
Cuando vosotros y vuestros hijos, después de conocer las letras, la música y la gimnástica, lo cual creéis que constituye la educación más perfecta, veis que no sois menos ignorantes por lo que hace al uso que hacéis de vuestras riquezas, ¿cómo no os escandalizáis de esta educación, y no buscáis maestros que hagan desaparecer esta ignorancia y esta disonancia?
4 La goleta aquella que veis, huéspedes, dice que fue de las naves la más rápida y que, de ningún nadador madero el ímpetu, no podía preterirla, tanto si con palas menester fuera volar, o si con lienzo.
Aprended la muerte, mientras veis que entre los mismos altares y las solemnes ceremonias se deja la vida.» Los fuertes cuerpos de los toros caen de una pequeña herida, y los animales de grandes fuerzas los derriba el golpe de una humana mano, y con delgado hierro se rompe la nuca de la cerviz; y cuando el nervio que traba el cuello con la cabeza, se corta, cae aquel gran peso.
Me hizo el efecto de un hombre que dijera: Sócrates hace por la inteligencia todo lo que hace, y que queriendo en seguida dar razón de cada cosa que hago, dijera que hoy, por ejemplo, estoy aquí sentado en el borde de mi lecho porque mi cuerpo está compuesto de huesos y nervios; que los huesos, por ser duros y sólidos, están separados por junturas, y que los nervios, que pueden encogerse y alargarse, unen los huesos a la carne y la piel, que los envuelve y se ciñe a unos y otros; que los huesos están libres en su encierro, y que los nervios, que pueden estirarse y encogerse, hacen que pueda plegar las piernas como veis, y que ésta es la causa por la que estoy aquí sentado de esta manera.
Claro es; cualquiera puede recogerla; ¡es tan simple, supone tan pocos quebraderos de cabeza, está ahí! ¿Veis en qué dirección va mi odio a eso que llaman problemas políticos?
Brilló en el rostro del rey Traidora sonrisa oyéndole, Y dijo con voz de triunfo A don Favila volviéndose: (97) ---Primo,¿admitis la demanda? Ya veis que con causa vienen!
Sepa, Pues, señor mío, que asuntos De mi familia y hacienda Me obligaron de esta casa A hacer una corta ausencia. Ahora bien, sin más rodeos, Pues veis que he dado la vuelta, El caso es que aquí sobra uno.
De suerte que no necesitan esos partidos viejos que vengan nuevos enemigos a romperles, sino que ellos mismos, abandonados a sí mismos, aun dentro de su vida convencional, no tienen los elementos necesarios para poder ir tirando. ¿Veis cómo es una España que por sí misma se derrumba?
MARGARITA. Sabedlo el primero. Jaime Celladas.... MARTÍN. Ese moro que veis.... MARGARITA. Ha vuelto en sí. MARTÍN. Viene de Valencia.