vid

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Sinónimos para vid

parra

Sinónimos

  • parra
  • videira
Ejemplos ?
11 Y haré cesar todo su gozo, sus fiestas, sus nuevas lunas y sus sábados, y todas sus festividades. 12 Y haré talar sus vides y sus higueras, de que ha dicho: Mi salario me son, que me han dado mis amantes.
Era la campiña clásica de las vides y de los olivos, con sus acueductos ruinosos, y sus colinas que tienen la graciosa ondulación de los senos femeninos.
8 Porque los campos de Hesbón fueron talados, y las vides de Sibma; señores de gentes hollaron sus generosos sarmientos; habían llegado hasta Jazer, y extendídose por el desierto; extendiéronse sus plantas, pasaron la mar.
Entre los olmos y vides con que tapiza su margen, y ambas filas de colinas que le interrumpen el aire, hay derramados sin orden más de un ciento de lugares que, amasados todos ellos, un pueblo tal vez no valen; pues los pueblos con el río, y las huertas de la margen, las colinas que le cercan en dos bandas desiguales, y los tres cerros distintos con tres torres semejantes, de tal modo unos en otros vegetan, pasan o yacen, que todo el conjunto entero, sin que esto lo dude nadie, tomando nombre del río, forma sin disputa el valle, - I - Está la noche expirando, y allá en el fin de la sombra, en vacilante crepúsculo tiñe el Oriente la aurora.
2 Habíala cercado, y despedregádola, y plantádola de vides escogidas: había edificado en medio de ella una torre, y también asentado un lagar en ella: y esperaba que llevase uvas, y llevó uvas silvestres.
A los que estudian en ella, ninguna cosa les manca; viva, pues, siglos eternos BARBERO La Cueva de Salamanca SACRISTAN Y nuestro conjurador, si es, a dicha, de Loranca, tenga en ella cien mil vides de uva tinta y de uva blanca; y al diablo que le acusare, que le den con una tranca, y para el tal jamás sirva BARBERO La Cueva de Salamanca CRISTINA Basta: ¿que también los diablos son poetas?
Aquella casita nueva tan cuca, tan blanqueada, tan gentil, con su festón de vides y el vivo coral de sus tejas flamentes, cuidadosamente sujetas por simétricas hiladas de piedrecillas; aquellos labradíos, cultivados como un jardín, abonados, regados, limpios de malas hierbas; aquel huerto, poblado de frutales escogidos, de esos árboles sanos y fértiles, placenteros a la vista, cual una bella matrona, me hacían siempre volver la cabeza para contemplarlos, mientras el coche de línea subía, al paso, levantando remolinos de polvo la cuesta más agria de la carretera.
Los leones acechan a las caravanas y saltan sobre los camellos. Los jabalíes salvajes arrancan de raíz el trigo de los valles, y las zorras roen las vides de la colina.
El valle de Somorrostro se extiende cerca de dos leguas de Oriente a Ocaso, entre una cordillera férrea y otra volcánica que siguen la misma dirección: la férrea resguardándole del calor y la violencia de los vientos meridionales y enriqueciéndole con el precioso e inagotable metal que encierra en sus entrañas, y la volcánica protegiéndole de la furia del mar Cantábrico y de la frialdad de los vientos boreales, y alegrándole con el jugo de las vides que cría en sus estribaciones y faldas del Mediodía.
Ya había transcurrido una hora; ya el señor Paco y el Pecoso, dando generosamente al olvido insignificantes quisquillas, e inspirados ambos por el néctar olorosísimo y, riente de las vides montillanas, hablábanse de tú, reconocíanse como las dos más altas personalidades de la provincia y no osaban incorporarse por temor a enterarse de modo contundentísimo de la mucha o poca resistencia de la solería, cuando: -Ya la cogiste, so pendón, so jartico de roar, so Pijolín, so don Vergüenza Perdía -gritó la señora Pepa la Tabardillos, dignísima consorte del Biznaguero, penetrando en la taberna chancleteando, con el rugoso semblante lleno de indignación, y puestos en jarra los brazos escuálidos y renegridos.
Con un fuego lascivo, 25 diestramente nadando, se acercan a la orilla y muestran sus gargantas de alabastro. La dulce melodía, la hermosura del campo, 30 los árboles frondosos con la hierba y las vides enlazados.
Todo esto que las ninfas en silencio admiraron las convida a que dejen las claras ondas por el verde prado. 40 Y con un pie ligero, más que la nieve blanco, entre frondosas vides a la agradable sombra se ocultaron.