vieja


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Sinónimos para vieja

Ejemplos ?
Durante algunos minutos exploraron sus ojos la radiante lontananza, sin que quedara senda que no exploraran, pero convencida la moza de que por ninguna de ellas venía el que con tanta ansiedad esperaban, y corno ya el cansancio hacía flaquear sus piernas, dejose caer en una vieja poltrona colocada junto al murete.
-Por ahí entro; esa pícara vieja mía es un león pa sus jaciendas, y no sé yo cómo tiée rejo pa jacer lo que jace, que entoavía no ha encomenzao a clarear y ya la tiée osté meneándose más que el viento y que el azogue.
-Pos vengo de jacer una obra de cariá, de visitar a un enfermo -repúsole el anciano sin parar mientes en lo dicho por la vieja. -¡Pos que se alivie u que se muera u que se lo lleve el río!
ntre las hojas de laurel marchitas de la corona vieja que en lo alto de mi lecho suspendida un triunfo no alcanzado me recuerda, una araña ha formado su lóbrega vivienda con hilos tembladores más blandos que la seda, donde aguarda las moscas haciendo centinela, a las moscas incautas que allí prisión encuentran y que la araña chupa con ansiedad suprema.
Y la vieja, después de soltar en otra el lío de sus artículos de venta, sentóse en una silla, la cual crujió de modo amenazador bajo la imponente balumba de la anciana.
Una vieja araña de hierro forjado llameaba alta y clara suspendida en la bóveda, iluminando las losas polvorientas, algunas de las cuales, ennegrecidas por las inscripciones, cubrían quizá tumbas; al fondo, en el lugar donde ciertamente debía reinar el altar, se encontraban a media altura en el muro pesebres y comederos, y en los rincones había apilados arreos y ronzales olvidados: el salón de baile era una cuadra.
Y esto lo dijo la vieja al ver cómo aquél deslizábase ágil como una serpiente por sobre el brocal del pozo y un momento después estrechaba entre sus brazos a Pepita, que miraba en torno suyo como asustada.
Y desdeñando ofertas y llorando sus pesadumbres en los brazos de su vieja, ganándose el sustento en el corralón de Los Cristos seguía Rosario, cuando una noche en que, rendida por el trabajo y acongojada por la enfermedad del Cachete, de la cual desde un principio había tenido noticia, dormitaba reclinada contra la pared sin osar hablar a su madre de lo que le dolía en el corazón, empujó suavemente la puerta de la sala el Cachiporra y sin, en aquella ocasión, solicitar el necesario permiso, colóse de rondón en ella, con el sombrero encasquetado hasta casi los ojos, las manos en los bolsillos de la cien y cien veces zurcida chaqueta y la cara triste y la expresión meditabunda.
Estando yo dormida me metió un palo de punta por este ojo y me lo echó fuera... Y la vieja, entre dos chupadas, declaró sentenciosamente: -El que con chiquillos se acuesta...
(murmuró el fraile.) Todavía es muy temprano. - Dejémosles emborracharse.... (expuso una vieja.) Después entramos... ¡y ni uno ha de quedar vivo!
Tampoco dejaron de fijarse en una muy vieja medalla de oro que llevaba al cuello bajo sus vestiduras, y en que aquella medalla representaba a la Virgen del Pilar de Zaragoza; de todo lo cual se alegraron sobremanera sacando en limpio que el capitán era persona de clase y buena y cristiana educación.
De que vio no le aprovechar nada su remedio, dijo: “Este arcaz está tan maltratado y es de madera tan vieja y flaca, que no habrá ratón a quien se defienda; y va ya tal que, si andamos más con él, nos dejará sin guarda; y aun lo peor, que aunque hace poca, todavía hará falta faltando, y me pondrá en costa de tres o cuatro reales.