Ejemplos ?
Pues reconociendo esta lira acude en seguida a su pensamiento la imagen de aquel a quien pertenece. He aquí lo que es la reminiscencia, como viendo a Simmias se recuerda a Cebes.
Después, al segundo día, llegaron de repente las hormigas, yendo y viniendo en muchedumbre para reunirse debajo del árbol. De todas partes trajeron cabellos, trajeron uñas de Sabio Pez-Tierra; viendo esto los jóvenes.
Hubo un momento de vacilación, de perplejidad, de incertidumbre, pero los enterradores, viendo que no había razón para prolongar aquella indecisión, colocaron la tapa en su sitio y quedó sumida en sombras eternas la bellísima cuanto infortunada compañera del Zorzales.
«¿Qué sería de mí entonces?» E intentó imaginar qué ocurría con la llama de una vela, cuando la vela estaba apagada, pues no podía recordar haber visto nunca una cosa así. Después de un rato, viendo que no pasaba nada más, decidió salir en seguida al jardín.
Por eso, sé que desde el cielo, de algún lado, nos están viendo y mirando; sé que se acordarán de aquellos tiempos; sé que por ahí no estuvimos a la altura de la historia, pero seguimos luchando como podemos, con las armas que tenemos, soportando los apretujones y los aprietes que nos puedan hacer.
Pues tras la culebra anduve, y aun pienso se ha de ir para ti a la cama, que son muy frías y buscan calor.” “Plega a Dios que no me muerda -decía yo-, que harto miedo le tengo.” De esta manera andaba tan elevado y levantado del sueño, que, mi fe, la culebra (o culebro, por mejor decir) no osaba roer de noche ni levantarse al arca; mas de día, mientras estaba en la iglesia o por el lugar, hacia mis saltos: los cuales daños viendo él y el poco remedio que les podía poner, andaba de noche, como digo, hecho trasgo.
Este quedose mirando como tonto a la muchacha; no quería, no podía creer lo que estaba viendo: su Rosario vestida como si tuviera una cuenta en el Banco; solamente el mantón que lucía sobre los hombros valía casi lo mismo que un hotel en la Caleta.
-Pos bien -continuó Currita con voz risueña-, viendo el Toneles que no hacía caso empezó a trabajar con las de Caín, y me sortó tres o cuatro palomos de los de mejor casta der barrio, y yo, que me comí la partía, empecé a repicar a quéa, y la de los Chícharos me regaló un par de botas a la Imperiala y un corte de vestío y dos pares de enaguas blancas que, de finas que son, paecen de tó menos de muselina morena.
Viendo el peligro el vizcaíno ardido, usó remedio que a menudo falla: echa el batel al mar embravecido, baja y me baja en él sin más vitualla.
Por último: el buen don Alvaro se volvió hacia Angustias en ademán interrogante o sea explorando si quería añadir alguna cosa a la relación de los demás; y, viendo que la joven se limitaba a hacer un leve saludo negativo, tomó su excelencia las precauciones nasales y laríngeas, asi como la expedita y grave actitud de quien se dispusiese a hablar en un Senado (era senador), y dijo entre serio y afable...
—Malhaya el tropero que nos da gato por liebre. —Si es novillo. —¿No está viendo que es toro viejo? —Como toro le ha de quedar. ¡Muéstreme los c...
Perfectamente. Pero a despecho de las leyes y los principios, Wyoming nos estaba viendo. Si para la sala El páramo era una ficción novelesca, y Wyoming vivía sólo por una ironía de la luz; si no era más que un frente eléctrico de lámina sin costados ni fondo, para nosotros —Wyoming, Enid y yo—la escena filmada vivía flagrante, pero no en la pantalla, sino en un palco, donde nuestro amor sin culpa se transformaba en monstruosa infidelidad ante el marido vivo...