Ejemplos ?
Si sobre mi sepulcro vieres brotar, un día, entre la espesa yerba, sencilla humilde flor, acércala a tus labios y besa el alma mía, y sienta yo en mi frente, bajo la tumba fria, de tu ternura el soplo, de tu hálito el calor.
No te quejes de mí, si el hierro vieres; que yo te advierto, e ir allí aún tú quieres.» Dijo así, y el corcel otra vez monta y a hacer de guía a la dama se dispone, que por Rogelio se demuestra pronta a que el mago la mate o la aprisione.
Lo cual es tan verdad, que no me dejaría mentir ni decir cosa en contrario todo ese enjambre de autorzuelos, a quienes pudiéramos aplicar los tercetos de Rey de Artieda: Y más que me cuentes entre ellos, y por tanto me reconvengas, pues si me preguntas por qué me entremeto yo también en embadurnar papel, sin saber más que otros, te recordaré aquello de «donde quiera que fueres, haz lo que vieres».
Por lo cual cuando vieres que los varones justos y amados de Dios padecen trabajos y fatigas, y que caminan cuesta arriba y que al contrario los malos están lozanos y abundantes de deleite, persuádete a que al modo que nos agrada la modestia de los hijos, y nos deleita la licencia de los esclavos nacidos en casa, y a los primeros enfrenamos con melancólico recogimiento, y en los otros alentamos la desenvoltura; así hace lo mismo Dios, no teniendo en deleites al varón bueno, de quien hace experiencias para que se haga duro, porque le prepara para sí.
Que por buscar pareceres Revuelvan muy desvelados Los Bártulos los Letrados, Los Abades sus mujeres. Si en los Estrados las vieres Que ganan más que el varón, Chitón.
13 Guárdate, que no ofrezcas tus holocaustos en cualquier lugar que vieres; 14 Mas en el lugar que Jehová escogiere, en una de tus tribus, allí ofrecerás tus holocaustos, y allí harás todo lo que yo te mando.
Cuando vieres, pues, a los que van pasando de una a otra judicatura, ganando opinión en los tribunales, no les envidies; todo eso se adquiere para pérdida de la vida; y para que sólo se cuente el año de su consulado, destruirán todos sus años.
Deuteronomio 20 1 CUANDO salieres á la guerra contra tus enemigos, y vieres caballos y carros, un pueblo más grande que tú, no tengas temor de ellos, que Jehová tu Dios es contigo, el cual te sacó de tierra de Egipto.
13 Parezcan luego delante de ti nuestros rostros, y los rostros de los muchachos que comen de la ración de la comida del rey; y según que vieres, harás con tus siervos.
27 Mas Jehová endureció el corazón de Faraón, y no quiso dejarlos ir. 28 Y díjole Faraón: Retírate de mí: guárdate que no veas más mi rostro, porque en cualquier día que vieres mi rostro, morirás.
Pero si rifiendo se te cae y te rompen la cabeza, es mal agüero para tu, salud y bueno para el cirujano y alguacil. Si al salir de tu casa vieres volar cuervos, déjalos volar y mira tú dónde pones los pies.
4 Si encontrares el buey de tu enemigo ó su asno extraviado, vuelve á llevárselo. 5 Si vieres el asno del que te aborrece caído debajo de su carga, ¿le dejarás entonces desamparado?