voz


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  • sustantivo
  • locución

Sinónimos para voz

grito

Sinónimos

en voz baja

Sinónimos

meter voces

Sinónimos para voz

Ejemplos ?
Angustias le miró muy contenta, y dijo con noble fogosidad: -No estoy arrepentida de aquella acción; pues si mucho le admiré a usted al verlo batirse la tarde del 26 de marzo, más lo he admirado luego al oírlo cantar, en medio de sus dolores, la jota aragonesa, para distraer y alegrar a mi pabre madre. -¡Eso es! ¡Búrlese usted ahora de mi mala voz! -¡Jesús, qué diantre de hombre!
¡Total, cuatrocientas ochenta y cinco víctimas !!! Y pronunció estas palabras con voz tan honda y sepulcral, que los franceses se miraron alarmados.
El señor Contreras Labarca.- ¡No falta a ningún compromiso el señor Neruda! ¡Ustedes quieren acallar la voz de Neruda! El señor Rodríguez de la Sotta.- Las palabras del señor Senador Neruda, que dan a impedir, me obligan a decir dos breves palabras más.
músico, D. Basilio?--¿Se salvó V. por eso?--preguntaron todos los jóvenes a una voz. --No, hijos míos.... (respondió el veterano.) ¡Yo no era músico!
Pero sólo se le ocurrió decir con voz y cara de niño enfurruñado que se aviene a razones: -Angustias, cuando me duela menos esta condenada pierna, jugaremos al tute arrastrado...
Los labios cárdenos se agitan; el Papa interrumpe la plegaria, se confunde, se deshace en adoración, quiere salir de sí mismo para mejor escuchar y beber la palabra divina; y el Crucificado -señalando con mirada ya turbia hacia el océano de criaturas que bullen allá abajo, escuálidas, transidas, gimientes, dolorosas, maltratadas, ofendidas, en el abandono- dice el Papa, en voz que resuena urbi et orbi: - Por ellos.
De pronto se oyó un pitido de averío que se azora, y unos pollos se refugiaron en la cocina, a trancos grotescos. Carmelo, que dialogaba con los bichos, preguntó en alta voz, sin volverse: -¿Qué tenedes, malpocados?
a nación mexicana que por trescientos años ni ha tenido voluntad propia, ni libre el uso de la voz, sale hoy de la opresión en que ha vivido.
Hablando, hablando, a la hora del desayuno se lo ha contado a las compañeras, una mujer ya anciana, aguardentosa de voz, seca de calcañares, amarimachada, que fuma tagarnina, y una mozallona dura de carnes, tuerta del derecho, con magnífico pelo rubio todo empolvado y salpicado de motas de tierra, a causa de la labor.
-Dejémosle que repose... -dijo Angustias en voz baja, sentándose al lado de su madre-. Y supuesto que ahora no puede oírnos, permíteme, mamá, que te advierta una cosa...
-¡Apartad, apartad! -mandó la madre, sin esforzar la voz; y las rapazas se desviaron, estremecidas sin saber por qué... María Vicenta se echó al suelo, pegó el rostro al de su hijo y así permaneció un rato largo, sin llorar, sin moverse, cual si se hubiese dormido.
Acababa el tal de mercar un rollo de alambre, para amañar sus jaulas de codorniz y perdiz, y con el rollo en la derecha, su chiquillo agarrado a la izquierda, la vetusta carabina terciada al hombro, contraída la cara en una mueca de escepticismo, aguardaba la sentencia relativa a la consabida endrómena. El viejo Viajante, ahuecando la voz, tomó la palabra.