yema


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Ejemplos ?
Gómez completaba la frase poniendo horizontales los dos índices de la derecha y la izquierda, y dando en la yema del uno con la del otro repetidas veces.
Quesos frescos y blancos envueltos por la cintura con paja de cebada, de la Quebrada de Humay; chancacas hechas con cocos, nueces, maní y almendras; frijoles colados, en sus redondas calabacitas, pintadas encima con un rectángulo de su propio dulce, que indicaba la tapa, de Chincha Baja; bizcochuelos, en sus cajas de papel, de yema de huevo y harina de papas, leves, esponjosos, amarillos y dulces; santitos de piedra de Guamanga tallados en la feria serrana; cajas de manjar blanco, tejas rellenas y una traba de gallo con los colores blanco y rojo.
Venía hasta nosotros la cabra, refregando su cabeza en nuestras piernas; piaban los pollitos; tímidamente ese acercaban los conejos blancos, con sus largas orejas, sus redondos ojos brillantes y su boca de niña presumida; los patitos, recién sacados, amarillos como yema de huevo, trepaban en un panto de agua; cantaba desde su rincón, entrabado, el “Carmelo”, y el pavo, siempre orgulloso, alharaquero y antipático, hacía por desdeñarnos, mientras los patos, balanceándose como dueñas gordas, hacían, por lo bajo, comentarios, sobre la actitud poco gentil del petulante.
El estaba sentado a su lado, el viento movía sus rizos negros, de pronto extendió la mano y entre la yema de los dedos tomó la ardiente barbilla de la criatura.
El uso de esos conos es de lo más simple y cómodo: unos dos minutos antes del coito introducirse un cono en el fondo de la vagina empujándolo con la yema del dedo hacia el cuello de la matriz.
Espié sus ventanas, por si cruzaba su sombra; fui cien veces a la ermita, y me convencí de que Carmela tenía vergüenza de oír misa si junto a la pila del agua bendita la esperaba el contacto de la yema de mis dedos, cargados de eléctrica energía, mensajeros de un estado de alma...
Pues bien: si yo ahora hubiera levantado moño al coronel, le habría dado en la yema del gusto, y ya estaría el pobre cirujano preso en la prevención del cuartel, con sumario a cuestas y en vísperas de que, por una orden general ignominiosa, le limpiasen el comedero.
Toca apenas el bigote suave. Pasa sobre éste la yema de un dedo sucio de sangre coagulada. El dedo sube acariciante por una mejilla, alcanza las pestañas.
Por supuesto de sus labios volará una cacatúa m a d r e Tu nombre viene lento como las músicas humildes y de tus manos vuelan palomas blancas Mi recuerdo te viste siempre de blanco como un recreo de niños que los hombre miran desde aquí distante Un cielo muere en tus brazos y otro nace en tu ternura A tu lado el cariño se abre como una flor cuando pienso Entre tí y el horizonte mi palabra está primitiva como la lluvia o como los himnos Porque ante ti callan las rosas y la canción c a m p o El paisaje salía de tu voz y las nubes dormían en la yema de tus dedos De tus ojos cintas de alegría colgaron la mañana Tus vestidos encendieron las hojas de los árboles En el tren lejano iba sentada la nostalgia Y en el campo volteaba la cara a la ciudad.
Fresas con crema exquisitas y estrudens de manzanitas; pastelillos de frambuesas y rosquillas de cerezas; caramelos aromados y panqués mantequillados; chocolatines rellenos con quesillos de los buenos; confiterías formidables con sabores muy amables; barquillos de mermeladas y pastas azucaradas; aguacatitos rellenos con dulzores muy amenos; plátanos nadando en crema y helados de pura yema; en fin, tan gran variedad que sería muy necedad acabar la enorme lista de Chocolatina artista que como no tenía madre y niña perdió a su padre, huérfana con golosinas hechas en sus tres cocinas se mantenía la adorable y parecía infatigable.
Experto en los misterios de tales muebles, Montiel adivinó, allá detrás un «secreto». La pared del fondo del templete estaba hueca y debía de girar. Apoyó la yema del dedo, se esforzó un poco... ¡Efectivamente!
El tacto goza al acariciar el velludo terciopelo de las grandes hojas, el oído parece mecerse con el arrullo de la cascada lejana, con el gotear del surtidor, desgranándose en un continuo esparcimiento de perlas, con los mil ruidos misteriosos de la corteza que estalla en el tronco, de la yema que rompe su envoltura...