Ejemplos ?
¡Ande la rueda; (Cogiéndose de las manos y levantando los báculos.) mi mano agarre; suene ya el canto del aquelarre! ¡Vuelve acá; torna allí! (Danzando.) ¡Zahorá! ¡Zahorí! ¡Zahorí! ¡Zahorá!
Se echó a sus pies, le confesó el delito, le ofreció devolver toda la plata robada y darle una gran regalía si no los delataba. Pasados los tres días, el Rey mandó que trajesen al zahorí a su presencia, el que se presentó tan orondo y tan erguido.
Y ahora, porque Lidoro le ha causado celos, quiere que este maldito papel de desafío le lleve al dicho príncipe yo; pero mi miedo, que tiene su poco de zahorí, sin haber nacido en viernes, temiendo que el tal Lidoro quiera, por el porte, hacerme merced de ensayar conmigo la pendencia, me parece que es mejor buscar algún paje que el papel le lleve, y antes que él me dé los tajos, darle yo con los reveses.
Se arrugó mi tersa tez, perdí belleza y salud, y fui de la juventud a la caduca vejez. Para privarme de amores aquella vieja zahorí, la edad echó sobre mí, de mis cuatro adoradores.
Y como las imaginaciones no vienen solas, sino que nacen unas de otras, enredándose y trabándose como áurea cadena, doña Mencía no se contentó con fingir pasado lo que se acaba de decir, sino que se creyó conocedora y zahorí de lo presente y aun inspirada profetisa para ver a las claras las cosas futuras.
pensó Juan Cigarrón cuando se halló en el calabozo. ¡Nunca me hubiese metido a zahorí, que me cuesta la torta un pan! Tres días de vida me quedan; ni uno más, ni uno menos.
Un lince, que igual se metía en una dehesa y sacaba de ella una punta de jacos, que volvía negros a los tordos y tordos a los negros, poniéndoles tales que los desconociera su mismo engendrador. ¡Telaraña! Gran zahorí. Maestro supremo en la trápala y el cambiazo.
-Aguilucho sin agallas -insistió Cuzcurrita, rojo de cólera ante tamaña injuria-, no seré yo, brujo y zahorí, como me apodas, el que por el alabado deje el conocido y véame perdido.
El zahorí sabe que somos nosotros los ladrones. Los otros no le quisieron creer; pero al segundo día, cuando otro de los pajes entró en el calabozo a llevarle la comida, y oyó a Juan Cigarrón exclamar con dolor: ::¡Ay San Juan de Dios, ::que de los tres he visto dos!
¡Torna allí, vuelve acá! ¡Zahorí! ¡Zahorá! Educandas (Que entreabren las puertas, miran y se retiran espantadas.) ¡Vienen hacia acá!
Cuando lo último acontece, salen a campara las varitas imanadas, ya que no se encuentra ni por un ojo de la cara un zahorí o una bruja; y si algo llega a descubrirse es la osamenta de un perro u otro animal.
Por último recurso, le aconsejaron al Rey que mandase venir al famoso zahorí, para el que nada había oculto; advirtiéndole que este portento no siempre contestaba, sino que sólo lo hacía cuando estaba de humor de hacerlo.