cid


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Sinónimos para cid

bravucón

Ejemplos ?
El viejo luchador lega su espada a quien-él lo ha visto- sabrá defender su misma causa con firmeza y pasión, y así, como el Cid Campeador, poder seguir ganando batallas después de muerto.
Tal vez alguno de sus abuelos figuraba en El Cid, en Ruy Blas o cualquiera otra de las piezas heroicas que se dan en la Comedia Francesa.
Infanzones de la villa de que borra el Rey mi hogar: ¡fuera, fuera de Castilla por el Rey los de Vivar!» ........................ Y el caballo ya jadeando y él roja de ira la faz, dió el Cid en Vivar, ya noche, con asombro de Vivar.
El grande de España, el hidalgo, el nieto de los nobles caballeros del Cid y Ruy Blas, marcha contra la corriente, abriéndose paso a empujones, queriendo ir más aprisa, sin saber adonde va, sin darse cuenta del lugar donde se halla.
¿Quién sufre un burro aguador, que me sabe distinguir a mí de un poste, y se aparta del poste, y me embiste a mí? ¿Quién sufre un cochero esento cuya lanza cocheril rompe más entre cristianos que entre moros la del Cid?
El ministro de Hacienda y de Relaciones Exteriores, JUAN N. VENERO. Ministro de Gobernación, justicia y culto, MIGUEL DEL CID. El ministro de la guerra, ANDRES VAN SEVEREN ?
Vala a casar a Madrid con setenta años, dorados de más de cien mil ducados, de un viejo, hermano del Cid, que en más de treinta la dota; y a la viuda ha prometido, porque la tercera ha sido, para la primera flota (que es el novio perulero) diez mil pesos ensayados, con que olvidando cuidados del matrimonio primero, busque nueva compañía.
Por faltar la primera hoja del códice de los cantares se incluye esta crónica a manera de introducción, en la cual se narra el suceso previo al destierro del Cid y se hace patente la valía que éste tenía para el rey Alfonso.
El Cid es mandado al destierro por Alfonso, debido a insidias y tejemanejes de sus enemigos en la corte. Debe abandonar a su esposa e hijas, e inicia una campaña militar acompañado de sus fieles en tierras no cristianas, enviando un presente al rey tras cada victoria para conseguir el favor real.
El Cid manda una nota al rey para informarle de la conquista de Valencia; los condes de Carrión conocen la noticia y piden la mano de las hijas del Cid (casamiento no por amor sino por ambición y codicia), doña Elvira y doña Sol.
Y, además, el ir al negocio, ¿no puede resultar acaso el medio mejor y más práctico de civilizar pueblos? Con nuestro sistema no hemos conseguido ni aun lo que Pío Cid en el reino de Maya.
El primer español que alanceó a caballo un toro fue nuestro héroe, nunca vencido, el famoso Rui o Rodrigo Díaz de Vivar, dicho el Cid, que venció batallas aún después de su muerte.