abatir

(redireccionado de abates)
También se encuentra en: Diccionario.
  • all
  • verbo
  • pronominal

Sinónimos para abatir

decaer

Sinónimos

separarse del rumbo

Sinónimos

Sinónimos para abatir

Ejemplos ?
La casa de que tratamos estuvo siempre ocupada por abates y pertenecía a una señorita entrada en años que se llamaba la señorita Gamard.
Había gente de toda laya: Tahúres que parecían diplomáticos, cantantes con los dedos cubiertos de sortijas, abates bar-bilindos que dejaban un rastro de almizcle, y generales americanos, y toreros españoles, y judíos rusos, y grandes señores ingleses.
Los francmasones dice que son los hermanos de «una cofradía de hombres de todas naciones y lenguas, donde, aunque se admite indiferentemente toda casta de pájaros, se ha notado que solo se ascriben los reyes como Napoleon, los grandes como Campo-Alange, los ministros como Ofárril, los filósofos como Urquijo, los canónigos como Llorente, y los abates (no sino frailes-fraíles) como Estala.» -¡Hola, hola!
Nuestro autor define esta voz con su acostumbrada originalidad: «dice que la democracia es una especie de guarda-ropa en donde se amontonan confusamente medias, polainas, botas y zapatos, calzones y chupas, chalecos y pantalones, con fraques, levitas y chaquetas, casacas, sortúes y uniformes, capas, capotes y ridículos, sombreros redondos y tricornios, manteos, Y (¡ojo!) unos monstruos de la naturaleza que se llaman abates.
Perdoneme Dios si peco; pero este articulo se me antoja que está rebosando malicia: no es esto decir que esté enteramente ese oto de ignorancia y desatino, porque ¿a quien se le ofrece mezclar con toda esa ropería á. los abates, cual si los abates fueran algun género de vestimenta como gavan, redingote ó dominó?
Campesino que mueres, campesino que yaces en la tierra que siente no tragar alemanes, no morder italianos: español que te abates con la nuca marcada por un yugo infamante, que traicionas al pueblo defensor de los panes: campesino, despierta, español, que no es tarde.
¡Y qué goces me habían prometido mis secretos deseos!; ¡cuántos diversos modos de holgarme no imaginé y dispuse a placer!; pero mis miembros yacían torpemente como muertos y marchitos, como la rosa cogida el día anterior, y ahora, que no es tiempo, lozanean vigorosos, se sienten con brío y reclaman el puesto a que los invita la lucha. ¿Por qué no te abates llena de confusión, torpísima parte de mi ser?
4 Acordaréme de estas cosas, y derramaré sobre mí mi alma: Cuando pasaré en el número, iré con ellos hasta la casa de Dios, Con voz de alegría y de alabanza, haciendo fiesta la multitud. 5¿Por qué te abates, oh alma mía, Y te conturbas en mí?
10 Mientras se están quebrantando mis huesos, mis enemigos me afrentan, Diciéndome cada día: ¿Dónde está tu Dios? 11¿Por qué te abates, oh alma mía, Y por qué te conturbas en mí?
triste reina destronada, que lloras decepciones, reclinada en tumbas mil y mil; perdida diosa, que cobijas doquier bajo tus alas de mártires sin fin la helada losa; arcángel sin ventura, que la pálida faz, en tus cabellos tristemente encubierta, abates, y con ellos lágrimas de ignominia enjugar quieres, ¿por qué bajaste al corazón del hombre a encarnarte a su anhelo, si eres visión fantástica sin nombre, si eres la peregrina de este suelo?
Efectivamente, el abate Troubert, después de llamar discretamente a la puerta, entró, invitado por Birotteau. Aquella visita, que los dos abates se hacían mutuamente una vez al mes, no sorprendió al vicario.
Era imposible hallar dos personas que ofreciesen tantos contrastes como las de ambos abates: Troubert, alto y seco, tenía un tinte amarillo y bilioso, mientras que el vicario era lo que familiarmente se llama regordete.