abeja


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Sinónimos para abeja

colmena

Sinónimos

Ejemplos ?
Pero llegó día en que, por primera vez, envidiara el fausto que rodeaba a los demás curas sus vecinos. Por esto se dijo sin duda lo de ::«Abeja y oveja ::y parte en la igreja, ::desea a su hijo la vieja».
Todo será felicidad. La abeja aburrida renuncia La reina de las abejas no trabaja nunca, y es que como es reina, sus súbditos no se lo permiten.
- ¿No te acuerdas ¿de qué cosas? - Bueno, intenté recitar los versos de "Ved cómo la industriosa abeja... pero todo me salió distinto, completamente distinto y seguí hablando de cocodrilos".
Probaré, por ejemplo el de la industriosa abeja." Cruzó las manos sobre el regazo y notó que la voz le salía ronca y extraña y las palabras no eran las que deberían ser: ¡Estoy segura que esas no son las palabras!
Los únicos que se encuentran preocupados, son los zánganos que ahora en la nueva sociedad democrática tendrán que trabajar y no ser simples mantenidos de la ilustre abeja.
Era inusitado aquel espectáculo que ante mis ojos aparecía: Miles de lucecitas de muchísimos colores alumbraban un gran salón; en sus paredes había millones de preciosas piedrecillas luminosas que las adornaban; en el fondo estaba una silla dorada en la que se veía sentada una abeja de vestido más brillante que los de las demás.
No sabiendo qué responder el zángano, levantó el vuelo y continuó su vida de holgazán. La abeja fuese a su colmena y los rosales quedaron solos.
Pero se hace el sordo y no atiende sino a su pluma. A poco, una abeja dorada se mete por la ventana y comienza a susurrar en derredor del cuarto.
Es fácil que muy pronto Ya rendida se muera. Por el aire dulzón Ha cruzado una abeja. La hormiga, agonizando, Huele la tarde inmensa, Y dice: Es la que viene A llevarme a una estrella.
¡Mira! Estoy hastiado de mi sabiduría, como la abeja que ha recogido demasiada miel, tengo necesidad de manos que se extiendan. Quisiera regalar y repartir, hasta que los sabios entre los hombres hayan vuelto a alegrarse con su locura, y los pobres, con su riqueza.
Es el poeta de las cosas que ya van a llegar o que acaban de irse — la flecha que, ya en el aire, estremecida, se anuncia a su blanco con un rumor de abeja, o la que ya partió y nos deja una estela de vacio en la atmósfera, donde, como una hoja seca, se precipita nuestro corazón.
Las chozas se agruparon formando aldeas: las aldeas se convirtieron en ciudades: las ciudades, por la común seguridad o por la conquista, formaron monstruosos amontonamientos políticos, que no eran naciones tal como hoy las concebimos, sino inmensas colmenas humanas, con una abeja-rey, en las que incubó y tomó forma nuestra organización actual.