abigarrado


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Sinónimos para abigarrado

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chillón

Sinónimos

Sinónimos para abigarrado

Ejemplos ?
Ciertamente, el periodo pamplonica dejó huella en él Miguel Sánchez-Ostiz, (2000), Derrotero de Pío Baroja, Alga Editores, Irún porque el abuelo Justo Goñi abrió una fonda en el piso del mismo edificio donde vivía la familia, de forma que pudo ver pasar por el local a toreros, compañías de títeres, cantantes, escritores... Un abigarrado y heterogéneo paisaje humano que recuerda a las superpobladas novelas que llegará a escribir.
Se ponía pálido, se quedaba mudo, con una vaga sonrisa en los labios, y fija la mirada en los montones amarillos o de papel abigarrado; no oía lo que le decían, y se acercaba a paso lento, como un gato, sin ruido, y metía las manos, con los dedos muy abiertos, entre el papel o el metal, y revolvía, revolvía; lo pesaba, contaba de memoria, como quien murmura oraciones de un culto misterioso...
Pulirla es obra larga; no se consigue más que un lustre apagado, y difícilmente, se puede fabricar, con ella, violines armoniosos o cachivaches artísticos; pero de ella se sacarán muebles sólidos y columnas firmes, y no son estas de las peores, entre las que sostienen al abigarrado edificio de la nacionalidad argentina.
Por eso, en las publicaciones oficiales de su asociación se mezclan, en abigarrado mosaico, las ideas defendidas en el Manifiesto Comunista con los recuerdos y los anhelos gremiales, fragmentos de Luis Blanc y Proudhon, el proteccionismo, etc.; en una palabra, se quería contentar a todo el mundo.
El traje abigarrado del bufón y el de color escarlata del cardenal con los lises de Francia bordados sobre las cotas inglesas dan pie a bromas y sarcasmos durante el diálogo.
Allí se yergue actualmente la Ciudad, en medio de vistosos barrios nutridos de población, que se esconden como alegres chiquillas por entre el furor de los sembríos de cañaduzales, cafetales, platanales y de un plantío generalizado de árboles frutales de aguacates, limoneros, pomarrosas, y a lo largo de un barrio abigarrado, promisorio de fructificación tropical.
En éste, el abigarrado juego de una fantasía grotesca y sarcástica, ha cedido el puesto a aquel humorismo rabioso que, a la manera de «la danza macabra», busca su efecto en la monotonía de los horribles esqueletos.
Imaginemos ahora esa inmensa sala oblonga, iluminada por la claridad tenue de un día de enero, invadida por un gentío abigarrado y bullicioso deambulando a lo largo de los muros y girando en torno a sus siete pilares y obtendremos así una idea, un tanto confusa aún, del conjunto del cuadro cuyos detalles más curiosos vamos a intentar resaltar.
TOPOGRAFÍA DE LA CIUDAD.- Sobre una localidad de suave declive, que baja hasta el Río de su mismo nombre, en medio de vistosos Barrios nutridos de población, que se esconden como alegres chiquillas por entre el furor de sembríos de cañaduzales, cafetales, aguacates, limoneros, pomarrosas, y a lo largo de un Valle abigarrado, promisorio de fructificación subtropical, se levanta la Ciudad de Pinas, con sus múltiples construcciones blancas, bajo un inmenso cielo azul por las mañanas; encerrada por una cadena de montañas y cerros, que estrecha con lujuria clorofílica su determinismo geográfico y significan la unión fraternal de los espíritus de ese colmenar de abejas humanas, que no sienten cansancio ni dan tregua a su ingeniería de progreso.
De ahí en adelante, un abigarrado conjunto de presupuestos filosóficos, jurídicos y económicos, modificaron la concepción del mundo de la nueva generación de intelectuales demoliberales, decididos a completar la obra de la revolución liquidando las trabas que impedían la incorporación de sus países a la senda del progreso, o como algunos empezaban a llamarlo (Sarmiento), la civilización.
Erase de cachemir negro y finísimo; de alamares felposos de la pura seda; le guarnecían a uno y otro lado de la tela sendas fajas de raso solferino: la una ancha con aplicaciones circulares y multicolores, y con cinta sobrepuesta de terciopelo abigarrado, en relieves como gusanos; la otra angosta y menos historiada.
Era la tarde de San Pedro Apóstol, y gran concurso de jugadores ocupaba el coliseo de gallos, situado entonces en la plazuela de Santa Catalina y en la vecindad del cuartel de artillería, cuya construcción se principiaba. No hay público más abigarrado que el que concurre a la cancha.