Ejemplos ?
No pudo menos esta infeliz que accidentarse, pero ni esta circunstancia ni las lágrimas de la familia fueron suficientes para ablandar esos duros é insaciables corazones de caribes.
Como en seguida, de un puntapié en la espalda, bastante enérgico para romperle los omoplatos, acogotara al débil sexagenario, me apoderé de una gruesa rama que estaba caída y le golpeé con la energía obstinada de los cocineros que quieren ablandar un biftec.
Ella puede ablandar con sus caricias las robustas encinas, el duro diamante y la insensible roca; ella tiene recursos para conmover a quien aliente con vida y sea hombre; mas en aquel momento yo no vivía, ni era hombre como antes.
Mas, ¡ay triste! :ya no espero ablandar tu pecho duro :con lamentos prolijos: :¡tú no sientes amor ni tienes hijos! :¿Y es posible que el sol resplandeciente :que ostenta esa bandera :llegue a estas playas por la vez primera :a autorizar un crimen tan patente?
Al fin consiguió ablandar el corazón del salvaje, y la revocación de la sentencia, bajo la dura condición de que Hurtado eligiese otra mujer entre las doncellas Timbúes, y que en adelante no se verían los esposos, ni se tratarían con las licencias del amor conyugal.
Suframos, suframos Lucía mía, como tú dices; suframos, tierna compañera de mis infortunios, pues que no nos queda otro remedio para ablandar, si es posible, el corazón del salvaje-.
En mi vida le serví de nada a Dios..., ¿lo oye usted?; de nada absolutamente. Ahora me llama a sí, ¿y quiere usted que yo le diga: «Soy tan tonto que no supe ablandar al escribano Roca»?
adrid, castillo famoso que al rey moro alivia el miedo, arde en fiestas en su coso, por ser el natal dichoso de Alimenón de Toledo. Su bravo alcaide Aliatar, de la hermosa Zaida amante, las ordena celebrar, por si la puede ablandar el corazón de diamante.
Comenzó a andar dando tropezones y zancadillas y suspirando; parecía que los ojos con lágrimas osaban ablandar los peñascos a los pies y hacer tratables los abrojos.
Y no es posible cierto, Que dexen de ablandar tu pecho helado, Pues ves queda el desierto De oir tan lastimado Las quejas de un pastor enamorado.
¡Niño llora en la cuna: el Dios del cielo Que es víctima de amor! Ved al eterno sol temblar de frío Para ablandar el corazón de hielo Del hombre pecador.
Apagadas cenizas sólo quedan De la llama de Safo, ora a Afrodita Quiera ablandar con métricos halagos Porque a sus brazos al infiel conduzca, O ya en ardiente, voladora estrofa, El fuego exhale que en sus venas corre, Cuando contempla a aquel mortal dichoso, A los eternos dioses semejante, Que mira frente a sí reír su amada, Y dulcemente hablar.