abocetar

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Sinónimos para abocetar

bosquejar

Sinónimos

Sinónimos para abocetar

Ejemplos ?
La pincelada es muy rápida (recuerda a la Coronación de espinas de la Pinacoteca Antigua de Múnich, 1570), abocetada, y con colores limitados: rojo, blanco, azul y pardos.
Su técnica es menos refinada y esmerada que la de Jan Steen, y en algunas partes se limita a una pincelada abocetada, muy próxima a Adriaen van Ostade.
Entre lo poco conservado, obras de calidad desigual, figuran los dos grandes cuadros de la Pasión (Ecce Homo y Cristo camino del Calvario) procedentes del convento de Santo Tomás de Madrid (Museo Cerralbo), pintados según Palomino por Francisco Ignacio Ruiz de la Iglesia sobre los bocetos de Herrera y concluidos por este, «que los acabó y golpeó a su modo en toda forma», en alusión a la técnica abocetada de Herrera con que está trabajada la superficie, y siete lienzos de formato oval con santos de medio cuerpo conservados en el Museo del Prado, procedentes de la bóveda y arcos torales de la iglesia de los Agustinos Recoletos.
Calle de piedra; el reflejo encalambrado de un farol; hacia la sombra, el aguafuerte abocetada de un balcón, a cuya vera se bajara, para hacer guiños al amor, el embozo de Guzmán Blanco En algún lance de ocasión.
Del mismo año 1661 son las distintas versiones del Camino del Calvario en las que, en torno a la figura de Cristo, introduce sutiles variaciones, firmada y fechada la de la Hispanic Society de Nueva York, de factura más libre y más concentrada en la figura de Jesús la del Museo del Prado, al prescindir del acompañamiento de soldados en la lejanía y sumir en tinieblas a las Marías y a san Juan, y casi abocetada la versión del Museo de Bellas Artes de Bilbao, de más amplio desarrollo espacial.
A lo primero le inclinaba su gusto, aprendido en Correggio (realizó copias de las obras de este pintor, como los cuadros de Leda con el cisne y El rapto de Ganímedes que se conservan en el Museo del Prado), por las formas, blandas y suavemente modeladas; son característicos sus ropajes amanerados tratados caprichosamente, con un cromatismo plano y sin contrastes de luz, su técnica abocetada y su escaso interés por la belleza per se de sus modelos.
No tenemos más noticias suyas hasta 1794, año en que el pintor envía a la Academia de San Fernando una serie de cuadros «de gabinete»: Los cuadros a que se refiere son un conjunto de obras de pequeño formato entre los que se encuentran ejemplos evidentes de Lo Sublime Terrible: Corral de locos, El naufragio, El incendio, fuego de noche, Asalto de ladrones e Interior de prisión. Sus temas son ya truculentos y la técnica pictórica es abocetada y plena de contrastes lumínicos y dinamismo.
En relación a estos temas se podrían situar varias escenas de violencia extrema que en la exposición organizada por el Museo del Prado en 1993-1994 titulada «Goya, el capricho y la invención», fueron datadas entre 1798 y 1800, si bien Glendinning y Bozal se inclinan por retrasar las fechas hasta un periodo comprendido entre 1800 y 1814, como por demás tradicionalmente se venía haciendo, por motivos estilísticos —técnica de pincelada más abocetada, menor iluminación de los rostros y atención a destacar las figuras alumbrando las siluetas—, y temáticos —su relación con Los desastres de la guerra fundamentalmente—.
De esta época cabría destacar obras de corte costumbrista como El carnaval de Roma de 1881 (Museo Carmen Thyssen Málaga), escena de pequeñas dimensiones con pincelada enérgica, abocetada en ciertos puntos a la vez minuciosa en otros, preciosista, los pintores representaban sucesos de lo cotidiano, de lo social, costumbres populares que poco tenían que ver con la pintura academicista e histórica.
Matías de Torres abordó gran variedad de temas y géneros con un estilo personal, aunque derivado de su maestro Francisco de Herrera el Mozo y de los modelos de Rubens y Bassano, caracterizado por el dinamismo de las composiciones, la técnica abreviada, casi abocetada y el estudio de la luz y el claroscuro.
De técnica abocetada, pincelada suelta y enérgica e intenso cromatismo, es una obra en la que Goya pretende reponerse y reanudar su actividad como pintor tras la grave enfermedad que le aquejó a fines de 1792 y de la que aún no estaba completamente restablecido.
Calvo Serraller; Las Meninas de Velázquez; p. 290-291 La forma abocetada va acompañada de una seguridad absoluta en lo que concierne a las gradaciones.
Aunque su dedicación principal parece haber sido la pintura al temple de decorados teatrales y monumentos de Semana Santa, de los que por su propia naturaleza nada se conserva, se conoce una pequeña tela con San Jerónimo y el ángel del Juicio conservada en colección particular de Pamplona, pintada al óleo con técnica ligera y casi abocetada, firmada «JNº FZ DE LAREDO F.
Las figuras –en particular cabezas y manos– son siempre la parte más elaborada; en el caso de los retratos de la familia real, están mucho más trabajadas que en los bufones, donde se tomó las mayores libertades técnicas. En cuadros como La costurera, la zona abocetada con amplias pinceladas ocupa gran parte del cuadro.
Además de supuestamente inacabado, como ya se decía en el inventario de 1701, el cuadro presenta el problema de la diferente factura con que se ha ejecutado la figura, con una pincelada muy suelta, hasta dejarse casi abocetada y de un color rojo disonante sobre el fondo marrón aplicado con brocha o espátula de una forma muy libre, en contraste con la pincelada prieta y el pulido acabado de la capa que lleva al hombro, de un acabado apurado, «casi escultórico».
de alto y una Caída camino del Calvario (1632), de formato similar, que copia una pintura abocetada (Universidad de California, Berkeley Art Museum).
Esto repercutió sensiblemente en los pedidos del retratista neerlandés, que pintaba de manera muy abocetada y con un colorido restringido.
Sus primera obras son más bien puristas, aunque posteriormente desarrolló una pintura más personal, con una pincelada suelta y abocetada, inspirada en la obra de Velázquez, tal y como reconocieron pronto sus primeros críticos.
Existen documentos datados del 17 de enero de 1551 en los que se relata que el arquitecto Hernán González del Hospital de Afuera y Alonso Berruguete cobraban diez mil maravedíes por una traza, que a principios del año siguiente, la presentaron con la figura abocetada del fallecido cardenal.