abrir

(redireccionado de abrí)
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  • all
  • verbo

Sinónimos para abrir

descubrir

Antónimos

extender

Antónimos

serenarse

Sinónimos

Sinónimos para abrir

Ejemplos ?
No sé que soledad nos separaba… cuando dimos un alto a la fogata 22 Abrí los ojos al bostezar del mundo entre aires frescos de solar susurro y vi que todo parecía tan nuevo en la conciencia de mi Adán ligero que resanando los vocablos obvios pude escribir de amor sin una tacha de odio.
No había, sin embargo, rastros de sangre en sus ropas. Abrí su camisa y vi en su pecho una marca roja que se prolongaba en su costado y en la espalda.
Y como nada podrá darte que más valga, porque no existe en la Tierra, no te queda más recurso que el tristísimo de añadir, maldiciéndole: -Te abrí las puertas de mi casa y me robaste el único tesoro que en ella había; te entregué mi corazón y me lo corrompiste.
Vine al coro... sola..., abrí la puerta que conduce a la tribuna... En el reloj de la catedral sonaba en aquel momento una hora..., no sé cuál..., pero las campanas eran tristísimas y muchas..., muchas..., estuvieron sonando todo el tiempo que yo permanecí como clavada en el umbral, y aquel tiempo me pareció un siglo.
¡Es el viento y nada más!". Mas cuando abrí la persiana se coló por la ventana, agitando el plumaje, un cuervo muy solemne y ancestral.
Se mordió el labio inferior mostrando cierto desgano, pero se levantó. Abrí la puerta y me quedé en el escalón, mientras él permanecía en el umbral.
Me levanté y me aproximé tembleque a una de ellas, escogida también al azar. La abrí, pero estaba tapiado su hueco. Fui a otra y lo mismo.
Respondí afirmativamente con la cabeza y el padre se retiró. Abrí el misal y comencé a leer oraciones; pero pronto las líneas se tornaron confusas bajo mis ojos.
Las ventanas estaban cerradas. Antes de vestirme, abrí una para respirar el aire fresco de la noche, delicioso después de tan larga cena.
Pero a la vez me declaró la pasión que sentía por mí e hizo valer el sacrificio que hacía al brindarme a su hermana. Abrí mis oídos a sus palabras, que tanto encendían mis deseos, aunque Inesilla era tan recatada que me parecía imposible se pudiese lograr que correspondiera a mi pasión.
Por la lejanía fue apareciendo una voz conocida; muy queda al principio; una voz que en creciente me decía: —Despierta, despierta, ¿qué te pasa? — En ese momento abrí los ojos.
Alguna vez abrí mi puerta, cuando mi padre ya se había ido, y me deslicé en el corredor; pero no pude oír nada, pues siempre habían cerrado ya la puerta cuando alcanzaba la posición adecuada para poder verle.