Ejemplos ?
La Ciudad de Cristo, aunque entonces era todavía peregrina en la tierra y tenía grandes escuadrones de crecido pueblos y gentes, con todo, no cuidó de resistir y pelear contra sus impíos perseguidores en defensa de su vida y salud temporal, antes por conseguir Ia eterna, no repugnó. Los prendían, encarcelaban, atormentaban, abrasaban despedazaban, mataban y, sin embargo, se multiplicaban.
Estos, asidos de las manos, bailaron una danza infernal, después cogieron a los monstruos y los arrojaron a la caldera de las que salían unas llamas que abrasaban el cuerpo del niño, aunque estaban a alguna distancia.
En muchos días no cesó el volcán dé echar humo, fuego y ceniza y temblar la tierra reciamente, y oyéndose un ruido ordinario y espantoso, y de noche salían de él globos de fuego que parecía abrasaban el aire.
-Pero esa española no serás tú, cristiana, contestó el indio animándose sus cobrizas facciones de todo el fuego de la más concentrada pasión. Yo sólo tomaría por mujer a ti, Lucía, y sus chispeantes miradas abrasaban a la joven esposa de Sebastián.
Con lo cual se convencieron de que se trataba de un fuego divino y no material, encendido milagrosamente por Dios para manifestar y significar el fuego del amor divino en que se abrasaban las almas de aquellos santos hermanos y de aquellas santas monjas.
Una mutua inquietud a los dos y un amor común nos tenía, 800 y ni de Júpiter ella a mi amor los tálamos preferiría, ni a mí que me atrapara, no si Venus misma viniera, alguna había. Iguales abrasaban llamas nuestros pechos.
¿Dónde están los paladines, Los trovadores, las justas ::Y las damas Que en palacios y festines Abrasaban corazones ::En sus llamas?
El rostro era nieve y grana y rosas que se conservaban en amistad esparcidas por labios, cuello y mejillas; los dientes transparentes; y las manos, que de rato en rato nevaban el manto, abrasaban los corazones.
Ni un solo dios de estos grandes hombres estaba privado de energía; todos transmitían el fuego en que ellos mismos se abrasaban al alma de quien los veneraba; y como tenían la esperanza de ser adorados también ellos un día, aspiraban a volverse al menos tan grandes como aquellos a los que tomaban por modelo.
Ciertamente dominaba la oratoria, y de su estilo retórico nos ha dejado testimonio Francisco Terrones del Caño, quien lo escuchó predicar en Granada siendo colegial y, siendo ya obispo de Tuy, lo describió en su Instrucción de Predicadores; en primer lugar, el predicador debía presentarse motivado ("templado"), con ganas de ganar almas para Cristo; luego:...No revolvía muchos libros para cada sermón, ni decía muchos conceptos ni ejemplos y otras galas; y con una razón que decían y un grito que daban abrasaban las entrañas de los oyentes.