Ejemplos ?
No es de arrepentimiento el lloro triste que esos luceros fúlgidos empaña; ese llanto es de amor, yo lo conozco, de amor constante, sin doblez, sin tacha, ferviente, abrasador, igual al mío.
Cual vapor sombrío que se desprende de las nubes por la acción de un impetuoso viento abrasador, tal le parecía a Diomedes Tidida el férreo Ares cuando, cubierto de niebla, se dirigía al anchuroso cielo.
Los teucros, semejantes a carniceros leones, asaltaban las naves y cumplían los designios de Zeus, el cual les infundía continuamente gran valor y les excitaba a combatir, y al propio tiempo abatía el ánimo de los argivos, privándoles de la gloria del triunfo, porque deseaba en su corazón dar gloria a Héctor Priámida, a fin de que éste arrojase el abrasador y voraz fuego en las corvas naves, y se realizara de todo en todo la funesta súplica de Tetis.
De la suerte que al estallar abrasador incendio en los hondos valles de árida montaña, arde la poblada selva, y el viento mueve las llamas que giran en todas direcciones; de la misma manera, Aquileo se revolvía furioso con la lanza!
émplase ya del fatigoso estío El fuego abrasador: del yerto polo Del septentrión los vientos sacudidos, Envueltos corren entre niebla oscura, Y a Cuba libran de la fiebre impura.
¡Es bien verdad que el viento cortante puede infundir vida en uno! ¿Y dónde está aquel abrasador que mira con su ojo enorme? Se refería al Sol, que en aquel momento se ponía.
Y pasen los días míos Como espuma de los ríos, Como allá en los montes fríos Muere al nacer triste lirio. Y perezca el trovador; Y en un suelo abrasador, Que le acabe de su amor El fantástico delirio.
El primero tiene el agua caliente y lo cubre el humo como si hubiera allí un fuego abrasador; el agua que del segundo brota es en el verano como el granizo, la fría nieve o el hielo.
El héroe, con pujante voz, gritó a los teucros: —¡Acometed, teucros domadores de caballos! Romped el muro de los argivos y arrojad a las naves el fuego abrasador.
Genaro sin dolor y sin angustia, se consumía lenta y dulcemente, como se extingue el agua en una fuente en el árido estío abrasador.
Recuerdo que era media mañana cuando, bajo un sol abrasador que resecaba las maderas y derretía la brea, dimos fondo en aquellas aguas de bruñida plata.
El aire está inmóvil y un hálito abrasador parece desprenderse de aquellas tierras chatas y áridas, cortadas en todas direcciones por los tapiales, los setos vivos y los alambrados de los potreros.