abrumar

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Ejemplos ?
Las gemas han salido de sus antros para brillar sobre el cuerpo de las mujeres, y las rocas han abandonado su inmemorial asiento para convertirse en viviendas humanas; el hierro, el carbón y el otro están con nosotros; mas, ¿qué es lo que conocemos del planeta? Hemos arañado en escasos puntos su epidermis, y nos abruma, casi intacto, su redondo y colosal misterio.
Enfocado por el resplandor de la lámpara, miró ansiosamente a su alrededor, y yo pude fijarme en que su cara estaba pálida y sus ojos cargados, como los de una persona a quien abruma alguna gran inquietud.
Al oir la muerte el trueno repetido, rápida sube en su tremendo carro, que al monstruo guerra ordena conducirlo. Ésta con rojo azote, abruma, agita dos rabiosos caballos denegridos, y el carro guía a do el bretón navega.
Oía Babuco todas estas razones, y no pudo ménos de decir: ¡Qué hombre tan dichoso es este! Todos sus enemigos los tiene en su antesala; su potencia abruma á sus envidiosos, y mira á sus plantas á quantos le detestan.
Usted me creerá buena y virtuosa, pero es porque no le he dicho un pecado muy grave y mortal que pesa sobre mi conciencia y que la abruma.
(Los conjurads manifiestan su agitación.) No; el poder de la tiranía tiene sus límites; cuando el oprimido no halla justicia en la tierra y se hace insoportable el peso que le abruma, acude a Dios en demanda de valor y alivio, e invoca la eterna justicia que reside en los cielos, firme, inmutable como los mismos astros.
¡Odiseo, fecundo en recursos! No te enojes, porque es muy grande el pesar que abruma a los aqueos. Síguenos y llamaremos a quien convenga, para tomar acuerdo sobre si es preciso fugarnos o combatir todavía.
¿Por qué te encuentro sentado, lejos de los demás y desfallecido? ¿Te abruma algún pesar? Con lánguida voz respondióle Héctor, de tremolante casco: —¿Quién eres tú, oh el mejor de los dioses, que vienes a mi presencia y me interrogas?
Dando profundos suspiros, respondiste así, caballero Patroclo: —¡Oh Aquileo, hijo de Peleo, el más valiente de los aquivos! No te enfades, porque es muy grande el pesar que los abruma.
Te doy el premio porque no podrás ser parte ni en el pugilato, ni en la lucha, ni en el certamen de los dardos ni en la carrera; que ya te abruma la vejez penosa.
Por sorda y ciega haber sido aquellos breves instantes, la mitad diera gustosa de sus días miserables, y hubiera dado los días de amor y dulces afanes de su juventud, y dado las caricias de sus padres, los encantos de la cuna, y..., en fin, hasta lo que nadie enajena, la esperanza, bien solo de los mortales; pues lo que ha visto la abruma, y la aterra lo que sabe, que hay vistas que son peligros, y aciertos que muerte valen.
¡oh madre, que, ahuyentada de las moradas reales, has llegado á ver el día de la servidumbre, cuán desdichada eres, tanto como dichosa fuiste en otro tiempo! Algún dios te abruma hoy, a trueque de la antigua felicidad.