abrumado

(redireccionado de abrumada)
También se encuentra en: Diccionario.
  • adjetivo

Sinónimos para abrumado

trabajado

Sinónimos

  • trabajado
Ejemplos ?
Nuestro hombre está en las nubes, se extasía, traga, va a buscar él mismo sobre mis labios la impura eyaculación que lo embriaga, sin perder una gota, y cuando cree que la operación va a cesar, provoca su continuación con los cosquilleos de su lengua; y su verga, aquella verga que apenas toco, tan abrumada estoy por la crisis, aquella verga que sólo se endurece sin duda después de tales infamias, se hincha, se levanta y deja, llorando, sobre mis dedos la prueba nada sospechosa de las impresiones que aquella suciedad le proporciona.
Antistrofa II ¡Por eso Afrodita la ha herido en el corazón con el horrible mal de un amor culpable, y abrumada por tan dura calamidad, mi señora colgará del techo nupcial una lazada que sujetará a su cuello blanco, adorando así á un Demonio fatal, y pretiriendo dejar buena fama y ahuyentar de su corazón un amor cruel!
Pero abrumada por las querellas domésticas, la buena mujer se encontraba a gusto en aquella casa tranquila, a incluso se quedó allí hasta después de Pascua, a fin de evitar los sarcasmos de Bovary padre, que no dejaba nunca de encargar un embutido el día de Viernes Santo.
En el pórtico se detuvieron. La madre no podía andar abrumada por el cansancio. Sonrió, tendiendo la mano hacia el ataúd de los pobres, una caja de pino, sucia, manchada de lodo y cera, colgada en el muro blanco.
Detrás del hidalgo venía un escudero sobre una mula, y en pos otra mula de bagaje, abrumada de cajas y cofres atestados de riquezas, oro, plata y pedrería.
Tito Larcio consideró que el tiempo de recompensar sólo a los que hubiesen servido en esas guerras había pasado; toda la plebe estaba abrumada por las deudas y el mal no se cortaría a menos que la medida tuviese carácter universal.
Lucrecia, abrumada por la pena y el espantoso ultraje, envió un mensajero a su padre en Roma y a su marido en Ardea, pidiéndoles que acudieran a ella, cada uno acompañado por un amigo fiel; era necesario actuar, y actuar con prontitud, pues algo horrible había sucedido.
Desde el día anterior se había empezado a envenenar perros, y algo en la actitud abrumada del nuestro me prevenía en pro de la estricnina.
De pronto oí un débil gemido y supe que era un gemido de terror mortal, no un gemido de dolor ni de pesar –oh, no–, sino el sonido sordo y ahogado que se escapa de un alma abrumada por el espanto.
Ciertos amoríos con una «pícara» chalequera de profesión -¡o vaya usted a saber!-, determinaron severidades del padre, honrado industrial, dueño de un importante establecimiento de ferretería; vino la tirantez, el rompimiento y, por último, la desaparición del muchacho. Abrumada por mortal pesadumbre, suponía la madre que su hijo, al dar el «cabezazo», se había ido a la guerra, tragadora de gente; a las trincheras, en que el hombre se esfuma.
Después de unos segundos, ella, lentamente, se afirmó en las manos para hincarse o para sentarse sobre sus talones y con la cabeza inclinada hacia abajo y la barbilla perdida entre la gordura de la garganta, miraba el agua como una niña que hubiera perdido una muñeca. Los motores seguían andando y la señora Margarita parecía cada vez más abrumada de desilusión.
¡Cúbreme! Las lágrimas brotan de mis ojos, que se recatan con vergüenza, Al recobrar la razón, me siento abrumada de dolor. La demencia es un mal; pero más vale morir sin sentir nuestro mal.