Ejemplos ?
Mantuvo su rostro apartado de mi, y fingió estar absorta en la melodía, pero aquello era un mero fingimiento que la marea carmesí que estaba fluyendo por sus mejillas traicionaba suficientemente.
que Dios goza, gozaría; que, como el Padre y el Hijo, y el que de ellos procedía el uno vive en el otro, así la esposa sería, 165. que, dentro de Dios absorta, vida de Dios viviría.
Pero todo esto, desde luego, era meramente el ensueño de una chica cuya mente nunca había estado absorta en un asunto amoroso propio, y no habría tenido serias consecuencias a no ser por el descubrimiento aquella mañana de la cámara acorazada enterrada en el jardín de su padre y la revelación de la identidad de su inquilino.
Ora un blanco pañizuelo, con puntas bordado y randas, revolvía con las manos convulsas y deslustradas; ora absorta y distraída, agitaba en torno el aura con un precioso abanico de ricas plumas de Arabia.
Los grupos se apartaron y muchos rostros se volvieron hacia la mujer, quien con la cabeza doblada sobre el pecho, sumida en una sensibilidad absoluta, parecía absorta en la contemplación del abismo abierto a sus pies.
Sabíamos que antes que cierto alba aclarara un preso habría de ser colgado. Y entramos con el alma absorta en Muerte y Sueño y Hado.
DON GODOFREDO:(¡Que farsa es esta que veo!) Luz, la brevedad importa, Responde: esta letra ¿es tuya? Quedó doña Luz absorta Cuestion tan precisa y corta Sin atinar como huya.
Conque olvidarte procura de que yo soy la persona que irá a cenar, y no olvides que el amigo será un momia, que tú serás quien nos sirva, y que por cuenta redonda bien te dará cien doblones quien la da doscientas onzas.» Y así acabando don Juan hasta los ojos se emboza y parte añadiendo bajo: «Hasta mañana a estas horas.» Quedó la criada un punto embebecida y absorta, sin una idea en el alma ni una palabra en la boca, viendo cómo por la entrada de una escalerilla angosta el impetuoso don Juan se hundía como una sombra; que siempre aturde y fascina la vista de una persona que tantos doblones gana y tan seria los derrocha.
Entonces envolviéndola en su manto, su cabeza cubriendo con su toca, el dulce acento de su dulce boca dijo a la absorta Margarita así: «TE ACOGISTE AL HUIR BAJO MI AMPARO Y NO TE ABANDONÉ: VE TODAVÍA ANTE MI ALTAR ARDIENDO TU BUJÍA: YO OCUPÉ TU LUGAR, PIENSA TÚ EN MÍ.» Y a estas palabras retumbando el trueno, y rápido el relámpago brillando, del aire puro en el azul sereno se elevó la magnífica visión.
Se celebraba la fiesta de la Virgen, su imagen, colocada en el altar mayor sobre un escabel de oro, resplandecía como un ascua de fuego; las notas del órgano temblaban, dilatándose de eco en eco por el ámbito de la iglesia, y en el coro los sacerdotes entonaban el Salve, Regina. Yo rezaba, rezaba absorta en mis pensamientos religiosos, cuando maquinalmente levanté la cabeza y mi vista se dirigió al altar.
Por absorta que estuviera en cualquier ocupación; por interesante que fuera la conversación en que tomara parte, un asno era suficiente para romper al instante el curso de sus ideas y se precipitaba sobre él al momento.
El joven se irritó por esta fantasía beata; después experimentó, sin embargo, un cierto encanto viéndola, en medio de la cita, así, absorta en las oraciones, como una marquesa andaluza; pero no tardó en aburrirse porque ella no acababa.